Hay números que trascienden el deporte. El 23 de Michael Jordan, el 10 de Diego Maradona, el 46 de Valentino Rossi. En el motociclismo, ese dígito de dos cifras se convirtió en algo más que una matrícula de carrera: fue la firma de una era, el símbolo de una rivalidad y el sello de un piloto que cambió para siempre la forma de entender las dos ruedas.
El origen familiar del número mágico
La historia comienza en los años 70, mucho antes de que Valentino naciera como piloto. Graziano Rossi, su padre, corrió en el Campeonato del Mundo de 500cc con el número 46. No era un campeón: era un piloto con talento irregular, algunas victorias destacadas y una carrera truncada por lesiones y circunstancias adversas. Pero tenía un número.
Cuando Valentino empezó a competir en las categorías menores de motociclismo, eligió el 46 como homenaje directo a su padre. En aquellos tiempos, los números en las categorías inferiores se asignaban según el ranking del año anterior, así que mantener un número específico de un año a otro no era automático. Rossi lo consiguió gracias a sus resultados: terminó lo suficientemente bien clasificado como para que el 46 le fuera adjudicado de nuevo.
Lo curioso es que, en MotoGP, la tradición mandaba que el campeón del mundo corriera con el número 1. Rossi ganó el título en 500cc en 2001, pasó a MotoGP y ganó en 2002, 2003, 2004 y 2005… y en ninguna de esas temporadas utilizó el número 1. Siempre el 46. La Dorna, la organización del campeonato, terminó aceptando esta particularidad sin imponerle nada.
El reglamento que cambió por culpa de Rossi
En 2014, MotoGP introdujo el sistema de números permanentes de carrera. Cada piloto elegiría un número del 2 al 99 que mantendría durante toda su carrera, independientemente de si era campeón o no. El campeón seguiría teniendo la opción de correr con el número 1 ese año, pero ya no estaría obligado a ello.
El motivo real de este cambio, aunque nunca se reconoció oficialmente, tenía todo que ver con Rossi. El italiano había demostrado que un número personalizado podía tener un valor comercial y emocional enormes. Fabricantes, patrocinadores y aficionados identificaban el 46 instantáneamente. El número era, en sí mismo, una marca registrada.
Marc Márquez eligió el 93. Jorge Lorenzo el 99. El 46 de Rossi siguió siendo el más reconocido del paddock incluso cuando sus resultados ya no eran los de antes.
Un número que ningún piloto se atreve a reclamar
Valentino Rossi se retiró al final de la temporada 2021 tras 26 años de carrera en el mundial, 432 grandes premios disputados y 9 títulos mundiales. Con su retirada, el número 46 quedó técnicamente disponible.
Ningún piloto lo ha pedido.
No existe ninguna norma escrita que prohíba usarlo. No hay ninguna ceremonia oficial de retirada de números en MotoGP como ocurre en la NASCAR. Pero hay un código no escrito en el paddock: el 46 le pertenece a Rossi. Algunos pilotos lo han reconocido abiertamente en entrevistas. Otros simplemente han mirado hacia otro lado y elegido cualquier otro número.
Esta especie de retiro honorífico informal dice mucho sobre el impacto de Rossi en el deporte. En un paddock marcado por la competencia feroz, los egos descomunales y los intereses económicos, todos coinciden en que hay un número que ya no está disponible.
El legado que va más allá de las victorias
El 46 no era solo un número en el carenado de la moto. Era el centro de gravedad de una tribu: los aficionados de Rossi se llamaban a sí mismos “Il Popolo Viola” (el pueblo amarillo, por el color de sus tribunas en Mugello), llenaban los circuitos de todo el mundo con banderas y disfraces, y convirtieron los grandes premios en algo parecido a un festival de música.
Hoy, en el VR46 Racing Team que el propio Rossi fundó, el número sigue vivo en la decoración, en los colores, en la filosofía del equipo. El 46 ya no rueda, pero tampoco ha desaparecido.