Cuando un piloto de motocross aterriza tras un salto de cinco metros de altura, su cuerpo absorbe en fracciones de segundo una fuerza equivalente a varias veces su peso. Multiplicado por las decenas de saltos de una manga de 30 minutos, el resultado es una carga física que pocos deportes pueden igualar. La física del motocross no es evidente a primera vista, pero los números son extraordinarios.
Las fuerzas G en el motocross
La “G” es la unidad que mide la fuerza gravitacional. En reposo, todos soportamos 1G. Cuando un piloto aterriza tras un salto de motocross, la desaceleración que experimenta su cuerpo genera fuerzas que se miden en múltiplos de G.
Estudios biomecánicos realizados con sensores integrados en las motos y en la equipación de los pilotos han medido fuerzas de entre 3G y 8G en los aterrizajes de saltos de competición, dependiendo de la altura del salto, el ángulo de aterrizaje y la dureza del terreno. La cifra más alta, 8G, se registra en aterrizajes desfavorables: cuando la moto aterriza con el ángulo incorrecto o en un tramo de tierra especialmente duro.
Para poner estas cifras en contexto:
- Un piloto de Fórmula 1 soporta entre 4G y 6G en las curvas más rápidas de un circuito de gran premio.
- Un astronauta durante el lanzamiento de la nave espacial soporta entre 3G y 4G.
- Un piloto de caza militar puede soportar hasta 9G en maniobras extremas, pero con trajes anti-G especiales.
La diferencia crucial entre el piloto de motocross y estos otros casos es que las fuerzas G del motocross se absorben activamente con los brazos y las piernas (a diferencia del asiento de un monoplaza o el asiento de eyección de un caza), y se repiten decenas de veces en una sola manga.
Los brazos y las piernas como amortiguadores
Cuando un piloto de motocross aterriza, no se sienta pasivamente en el asiento esperando que la suspensión de la moto absorba el impacto. Al contrario: está de pie sobre los estribos, con las rodillas flexionadas y los brazos levemente doblados, actuando como amortiguadores adicionales para la moto y para su propio cuerpo.
En un aterrizaje de gran impacto, un piloto puede doblar las rodillas 40-60 grados en fracciones de segundo para absorber la fuerza vertical. Sus brazos hacen lo mismo con la presión sobre el manillar. Es un movimiento reflejo que los mejores pilotos de motocross ejecutan de forma inconsciente después de años de práctica, pero que exige una condición física excepcional: los músculos de piernas y brazos deben estar preparados para resistir esas fuerzas repetidamente durante media hora.
El esfuerzo cardiovascular: 180 pulsaciones durante 30 minutos
La carga cardiovascular de una manga de motocross de competición es comparable a la de una prueba de resistencia de alta intensidad. Estudios con monitores cardíacos en pilotos de MXGP han medido frecuencias cardíacas medias de 180-190 pulsaciones por minuto durante toda la duración de una manga.
Esto equivale al nivel de esfuerzo de un ciclista en una etapa de montaña o un nadador en la prueba de 400 metros. La diferencia es que el piloto de motocross realiza ese esfuerzo cardiovascular simultáneamente con el trabajo muscular explosivo de absorber los saltos y manejar la moto en los obstáculos.
Los pilotos de MXGP son atletas de primer nivel en el sentido más completo de la expresión. Su preparación física incluye ciclismo, natación, atletismo, entrenamiento de fuerza y trabajo específico de motocross. La condición física es tan determinante en el resultado final como la habilidad técnica.
El “brazo bomba”: la limitación fisiológica del motocross
Uno de los fenómenos físicos más característicos del motocross es el llamado brazo bomba (arm pump en inglés). Es una condición en la que los músculos del antebrazo se sobrecargan de sangre durante la carrera, se hinchan dentro de la fascia muscular y comienzan a perder fuerza y sensación. El piloto siente los brazos “duros” e incapaces de responder con la precisión habitual.
El brazo bomba es la pesadilla de los pilotos de motocross. Puede aparecer en plena manga y convertir a un piloto en cabeza en uno incapaz de mantener el ritmo. Se trata con técnicas de entrenamiento específico, procedimientos médicos (la fasciotomía, que libera la presión dentro del músculo) y estrategias de gestión del esfuerzo durante la carrera. Muchos de los mejores pilotos de la historia han tenido que lidiar con esta condición.