Si el Muay Thai tiene un embajador global, un nombre que el aficionado al deporte de combate de cualquier parte del mundo reconoce independientemente de si sigue el circuito tailandés, ese nombre es Buakaw Banchamek. Nacido en 1982 en la provincia de Surin, en el noreste de Tailandia —la región del Isaan que ha dado al país algunos de sus mejores peleadores—, Buakaw no solo fue el mejor peleador de su generación en los torneos internacionales de kickboxing y Muay Thai: fue la figura que llevó el arte de los ocho miembros a una audiencia global con el poder de convocatoria de una estrella del pop.
Los inicios: del Isaan a Bangkok
Buakaw —cuyo nombre de nacimiento es Sombat Banchamek— creció en condiciones de pobreza en la región del Isaan, como tantos otros grandes peleadores tailandeses. Comenzó a entrenar Muay Thai desde los ocho años en su región natal y llegó a Bangkok para entrenar en el gimnasio Por. Pramuk, con el que construyó su carrera. Sus primeros combates profesionales tailandeses llegaron en la adolescencia temprana, y su progresión fue rápida.
El apodo “Buakaw” —que en tailandés significa algo similar a “flor blanca que sale del agua de loto”, aunque hay variaciones en la traducción— fue el nombre que adoptó para su carrera. El mote “White Lotus” que algunos medios internacionales le pusieron fue una adaptación occidental de ese significado.
El K-1 MAX: la consagración mundial
El momento definitivo en la carrera de Buakaw llegó con su participación en el K-1 World MAX, el torneo de kickboxing de menos de 70 kilos que se celebraba en Japón y era el evento más visto de los deportes de combate de pie en el mundo a principios de los 2000. El K-1 MAX atraía a millones de espectadores japoneses y asiáticos y era el escaparate global más importante del kickboxing y el Muay Thai.
En 2004, Buakaw ganó el K-1 World MAX por primera vez, derrotando en la final al holandés Andy Souwer. Fue el primer tailandés en ganar el torneo de esa forma y la noticia llegó a todas las comunidades de artes marciales del mundo. Dos años después, en 2006, repitió el triunfo, consolidando su estatus como el mejor peleador del mundo en esa categoría durante esa era.
Lo que hizo de Buakaw un fenómeno más allá del resultado fue su estilo. Donde otros peleadores asiáticos en el K-1 tendían a ser más conservadores, Buakaw era explosivo, agresivo y espectacular: baja guardia que invitaba a los rivales a atacar para contratacarles con sus patadas demoledoras, movimiento de pies que creaba ángulos inesperados, y una disposición a ir hacia adelante y aceptar el intercambio que generaba combates emocionantes en cada aparición.
El icono global
La carrera de Buakaw después del K-1 MAX fue prolífica y global. Compitió en ONE Championship, en el circuito tailandés tradicional y en eventos especiales en Japón, Europa y América. Cada aparición suya era un acontecimiento, y su capacidad para llenar estadios y generar audiencias televisivas lo convirtió en la figura de mayor poder de convocatoria del Muay Thai fuera de Tailandia.
En Japón, donde el K-1 fue enormemente popular, Buakaw adquirió el estatus de una celebrity del entretenimiento, no solo de un deportista. Los medios japoneses cubrían sus visitas al país como eventos culturales, y las audiencias televisivas de sus combates superaban las de muchos deportes establecidos en el país.
El legado
Buakaw es, hoy, la razón por la que millones de personas de todo el mundo conocen el Muay Thai. Su figura —con esa baja guardia provocadora, esas patadas circulares que doblan el cuerpo de los rivales, esa disposición a pelear sin miedo— es la imagen del Muay Thai en el imaginario global. Los gimnasios de Muay Thai en América, Europa y Asia que han crecido en los últimos quince años están llenos de practicantes que empezaron después de ver un vídeo de Buakaw.
En Tailandia, su figura es la de un héroe nacional que ha puesto el deporte del país en el mapa mundial. El gobierno tailandés lo ha reconocido como embajador cultural, y su nombre es sinónimo del Muay Thai en los países donde el deporte no tiene una tradición local.