En la larga historia de los Juegos Olímpicos modernos, los deportes de combate han tenido siempre un lugar especial. El boxeo, la lucha olímpica, el judo, el taekwondo y el karate (temporalmente en Tokio 2020) han formado parte del programa en diferentes momentos. El Muay Thai, el arte de combate más practicado del mundo después del boxeo y el taekwondo, mira desde fuera ese escaparate olímpico con una mezcla de aspiración y frustración.
La IFMA y el camino al reconocimiento
La International Federation of Muaythai Associations (IFMA) se fundó en 1993 con el objetivo explícito de internacionalizar el Muay Thai y, en última instancia, conseguir su inclusión en los Juegos Olímpicos. Desde su fundación, la IFMA ha trabajado para estandarizar las reglas a nivel internacional, crear una estructura de competición global con campeonatos del mundo, y construir las relaciones institucionales necesarias con el Comité Olímpico Internacional (COI).
El proceso ha sido largo. En 2006, el COI concedió al Muay Thai el reconocimiento provisional, un paso importante pero no definitivo hacia la inclusión olímpica. En 2014, ese reconocimiento fue renovado. En los años siguientes, la IFMA ha continuado trabajando en los criterios que el COI exige: presencia en suficientes países, sistema antidopaje funcional, gobernanza transparente y, especialmente, un nivel de seguridad que satisfaga los estándares olímpicos.
Los obstáculos: los codos y la competencia interna
El principal obstáculo técnico para la inclusión olímpica del Muay Thai son los codos. El COI tiene estándares estrictos sobre la seguridad de los deportistas, y los codos —que pueden producir cortes profundos incluso con casco protector— generan una resistencia significativa. En el karate, la percusión controlada y la técnica de waza-ari permiten el deporte de contacto sin el nivel de daño físico del Muay Thai; en el taekwondo, el objetivo son los puntos por contacto, no el daño. El Muay Thai, con sus codos, sus rodillas en clinch y su filosofía de causar daño real, encaja mal en el modelo olímpico de los deportes de combate.
Una propuesta que circula en los debates del mundo del Muay Thai es crear una versión olímpica sin codos, adaptada a los estándares de seguridad del COI. Esta opción tiene defensores pragmáticos —que argumentan que el escaparate olímpico justifica cualquier adaptación— y detractores apasionados —que señalan que el Muay Thai sin codos es un deporte diferente—.
El segundo obstáculo es la competencia interna entre deportes de combate por el limitado espacio en el programa olímpico. El boxeo y el judo están establecidos; el taekwondo tiene su reconocimiento; el karate disputó un lugar temporalmente; el break dance fue incluido en París 2024. Cada nuevo deporte que entra en el programa olímpico implica presión para que otro salga, y el COI es muy conservador en la ampliación del programa.
Los Juegos Mundiales: el escaparate alternativo
Mientras el camino olímpico avanza lentamente, el Muay Thai ha encontrado un escaparate importante en los Juegos Mundiales, el evento multideportivo organizado por la IWGA (International World Games Association) cada cuatro años para deportes no olímpicos. El Muay Thai ha participado en los Juegos Mundiales con creciente presencia, lo que le ha dado visibilidad internacional y ha servido como demostración de su viabilidad como deporte de alto rendimiento internacionalmente organizado.
Los Juegos Mundiales de 2022 en Birmingham (Alabama, EE.UU.) fueron un hito para el Muay Thai: la participación fue la más amplia hasta la fecha, con atletas de decenas de países compitiendo en varias categorías de peso. La televisión y las plataformas digitales llevaron los combates a audiencias más allá de la comunidad tradicional del deporte.
La perspectiva tailandesa
Para Tailandia, la inclusión olímpica del Muay Thai es una cuestión de orgullo nacional que va más allá del deporte. Tener el deporte nacional del país en el programa olímpico sería el reconocimiento máximo del Muay Thai como patrimonio cultural de valor universal. El gobierno tailandés y el Comité Olímpico Nacional de Tailandia han respaldado activamente los esfuerzos de la IFMA en este sentido.
La paradoja es que el Muay Thai no necesita los Juegos Olímpicos para su supervivencia ni para su crecimiento: el deporte es más popular y más practicado que nunca globalmente, y el ONE Championship lleva los mejores combates a audiencias de decenas de millones sin necesitar el sello olímpico. El camino olímpico es simbólico tanto como práctico, y eso no lo hace menos importante.