El Mundial de Alemania de 2006 fue un torneo lleno de fútbol, emoción y uno de los momentos más impactantes de la historia de la competición: el cabezazo de Zinedine Zidane a Marco Materazzi en la final. Fue también el torneo en el que Alemania, como anfitriona, recuperó la ilusión colectiva por su selección tras años de relativo declive.
El verano alemán del fútbol
Alemania se volcó con el torneo de una manera que sorprendió incluso a los propios alemanes. El país estaba en un buen momento económico y social, y la organización del Mundial fue impecable: estadios modernos, infraestructuras eficientes y una afición que llenó las calles y las plazas de las ciudades con millones de banderas y camisetas de selecciones de todo el mundo.
La selección alemana, dirigida por Jürgen Klinsmann con su asistente Joachim Löw, jugó un fútbol ofensivo y atractivo que cautivó a su propio público. Hasta entonces, los equipos alemanes habían sido sinónimo de efectividad y sacrificio pero no de espectáculo. El torneo de casa cambió esa percepción. Alemania llegó hasta las semifinales, donde cayó ante Italia (0-2), y ganó el partido por el tercer puesto ante Portugal (3-1).
Italia, la defensiva que ganó el título
La selección italiana llegó al torneo en un momento difícil: el escándalo de Calciopoli —manipulación de arbitrajes en la liga italiana— había sacudido al fútbol del país y varios jugadores de la selección estaban implicados. Juventus sería descendido y otras instituciones sancionadas. En ese contexto de crisis, Italia construyó un torneo sólido, defensivo y efectivo.
El equipo de Marcello Lippi no fue el más vistoso, pero fue el más consistente. Con Fabio Cannavaro como referente defensivo de un nivel extraordinario —ganaría el Balón de Oro de 2006— Italia fue avanzando por el torneo con la solidez de siempre. Solo Luca Toni, con 2 goles, destacó en ataque. Los resultados importaban más que el estilo.
El cabezazo de Zidane
La final del 9 de julio de 2006 en el Olympiastadion de Berlín entre Italia y Francia fue el último partido de la carrera de Zinedine Zidane. El centrocampista francés había salido de su retiro para la Copa del Mundo y había tenido un torneo magnífico, siendo elegido el mejor jugador hasta ese momento.
Con el partido empatado a uno en la prórroga, en el minuto 110, Zidane se giró hacia Materazzi y le propinó un cabezazo en el pecho que tumbó al italiano. El árbitro uruguayo Horacio Elizondo le mostró la tarjeta roja. Zidane, en su último partido como futbolista profesional, tuvo que abandonar el campo sin pasar junto al trofeo.
Francia perdió la tanda de penaltis (3-5) y Zidane se marchó del fútbol con esa imagen. En una entrevista posterior, explicó que Materazzi le había insultado con referencias a su madre y su hermana. Nunca se retractó de la acción ni tampoco se arrepintió públicamente.
España en el torneo
España llegó a Alemania con expectativas crecientes. Había ganado el grupo con victorias sobre Ucrania y Túnez, aunque con una derrota ante Francia en el tercer partido. En octavos de final, el cruce con los franceses fue un paso demasiado grande: Francia ganó 3-1 con goles de Ribéry, Vieira y Zidane. España marcó solo mediante Villa.
Fue la última gran decepción española antes del gran ciclo de éxitos. El seleccionador Luis Aragonés, que había llegado con muchas críticas, comenzaba a construir algo diferente. Solo dos años después, en la Eurocopa de Austria y Suiza 2008, el mundo comprendería la magnitud del cambio.
Datos del torneo
Se jugaron 64 partidos con 147 goles (2,30 de media). Miroslav Klose (Alemania) fue el máximo goleador con 5 tantos. El torneo de 2006 fue el del final de varias carreras legendarias: además de Zidane, fue el último torneo de Ronaldo y el último gran torneo para jugadores de una generación que había dominado el fútbol durante dos décadas.