El Mundial de Sudáfrica de 2010 es, en la historia del fútbol español, el acontecimiento más importante de todos los tiempos. Por primera vez en los más de cien años de historia de la selección, España levantó la Copa del Mundo. El gol de Andrés Iniesta en la prórroga de la final ante Holanda es el momento más celebrado del deporte español del siglo XXI.
El primer Mundial en África
La elección de Sudáfrica como sede fue una apuesta histórica de la FIFA. El continente africano, con una enorme pasión por el fútbol, nunca había organizado el torneo y había reivindicado durante años el derecho a hacerlo. Sudáfrica fue el país elegido y el resultado fue un torneo lleno de color, música y calor humano que impresionó al mundo.
Los 10 estadios en los que se disputaron los partidos incluyeron el Soccer City de Johannesburgo, rebautizado como FNB Stadium, donde se jugaron la inauguración y la final. El país construyó y remodeló instalaciones con una inversión enorme, y la organización fue valorada positivamente a pesar de las dificultades logísticas.
La vuvuzela, el instrumento de plástico que los aficionados sudafricanos tocaban sin parar, creó un debate internacional. Jugadores y entrenadores se quejaron del ruido constante. Los medios de comunicación debatieron si prohibirla o no. La FIFA finalmente la mantuvo como parte de la identidad cultural del torneo. El zumbido de las vuvuzelas es inconfundible e inmediatamente evocador de ese verano africano.
Paul el Pulpo y las predicciones
Una de las historias más insólitas del Mundial de 2010 fue la del pulpo Paul, un cefalópodo residente en el Sea Life Center de Oberhausen (Alemania) que fue utilizado para predecir los resultados de los partidos de la selección alemana. El animal eligió correctamente los ganadores de todos los partidos de Alemania en el torneo —incluyendo la victoria de España en las semifinales— y también acertó en la final. Su fama fue mundial y se convirtió en uno de los fenómenos mediáticos más curiosos de la historia del fútbol.
El camino de España al título
España llegó al torneo como campeona de Europa (Eurocopa de Austria y Suiza 2008) y como favorita. El inicio fue un susto: derrota ante Suiza (0-1) en el primer partido de grupos. Pero después el equipo de Vicente del Bosque fue una máquina perfecta.
En la fase de grupos recuperó la solidez con victorias ante Honduras (2-0) y Chile (2-1). Desde octavos de final, España ganó todos los partidos por el mismo marcador: 1-0. Octavos ante Portugal con gol de Villa. Cuartos ante Paraguay con gol de Villa. Semifinal ante Alemania con gol de Puyol de cabeza en un córner.
La final del 11 de julio de 2010 en el FNB Stadium de Johannesburgo ante Holanda fue un partido tenso, muy físico y duro. Los holandeses, dirigidos por Bert van Marwijk, apostaron por una táctica agresiva que llevó a muchas faltas y a una tarjeta roja a Nigel de Jong por una entrada durísima a Xabi Alonso. El partido llegó a la prórroga sin goles.
En el minuto 116, Cesc Fàbregas recibió el balón en el borde del área y lo cedió a Andrés Iniesta, que controló y remató a la red. El estadio estalló. Iniesta se quitó la camiseta mostrando un mensaje dedicado al fallecido Dani Jarque y fue amonestado, pero nadie pensaba en tarjetas. España era campeona del mundo.
El tiki-taka en su máxima expresión
El equipo de Del Bosque era el mejor del mundo en ese momento, sin discusión. La generación de Xavi Hernández, Andrés Iniesta, David Villa, Fernando Torres, Sergio Ramos y compañía había madurado en un sistema de posesión y presión alta que el Barça había perfeccionado y la selección había hecho suyo. El dominio del balón, la circulación veloz y la presión tras pérdida eran las señas de identidad de un equipo que rara vez necesitaba más de un gol para ganar.
Datos del torneo
Se jugaron 64 partidos con 145 goles (2,27 de media). Thomas Müller (Alemania) fue el máximo goleador con 5 tantos. David Villa fue el máximo goleador de España con 5 goles. España terminó el torneo con solo dos goles encajados en 7 partidos, una cifra que refleja la disciplina defensiva de un equipo que también era capaz de defender con el balón.