El Mundial de Italia de 1990 es recordado con ambivalencia. Fue un torneo de altísima tensión competitiva, con partidos que se decidían en los últimos compases o en la tanda de penaltis. Pero también fue el torneo con la media de goles más baja de toda la historia de la competición: 2,21 goles por partido en un torneo dominado por el pragmatismo defensivo y la prudencia táctica.
El torneo más aburrido de la historia
La crítica unánime al Mundial de 1990 es su falta de fútbol ofensivo. Los equipos llegaron al torneo con sistemas defensivos muy organizados y el miedo a perder fue más poderoso que el deseo de atacar. El resultado fue una cadena de partidos cerrados, muchos de ellos decididos en la prórroga o en los penaltis.
La primera ronda fue especialmente pobre. Los equipos favoritos ganaron con dificultades o empataron. El nivel de juego decepcionó a la prensa y a la afición, que esperaba algo más parecido a México 1986. La diferencia en calidad y espectáculo entre los dos torneos fue enorme.
Paradójicamente, el torneo tuvo momentos de gran dramatismo emocional: los penaltis en semifinales, la figura de Schillaci, las lágrimas de Gazza. El contraste entre la pobreza táctica y la riqueza emocional definió una edición única en la historia.
Schillaci y la sorpresa italiana
La gran revelación del torneo fue Salvatore Schillaci, un delantero siciliano del Juventus que había debutado en la selección italiana solo meses antes del Mundial. Con su mirada penetrante y su instinto goleador, Schillaci fue el jugador más determinante de los primeros estadios del torneo.
Italia ganó sus primeros partidos con cierta facilidad, siempre con el gol de Schillaci como protagonista. El equipo avanzó por el torneo entre el entusiasmo del público italiano y las dudas tácticas que generaba un conjunto poco brillante pero muy sólido.
El drama llegó en las semifinales. Italia se enfrentó a Argentina en el Estadio San Paolo de Nápoles, la ciudad en la que jugaba y era adorado Maradona. El público napolitano, dividido entre su afección por Italia y su amor por Maradona, vivió un partido agónico que terminó con penaltis. Argentina ganó la tanda y eliminó al anfitrión. Las lágrimas de Schillaci cerraron el sueño italiano.
Gazza y las lágrimas más famosas del fútbol
Paul Gascoigne, el centrocampista inglés conocido como Gazza, fue uno de los jugadores más brillantes del torneo con su mezcla de habilidad, energía y desequilibrio. Inglaterra llegó a las semifinales, donde se enfrentó a Alemania Occidental en Turín. En el minuto 84, con el partido empatado, Gazza recibió una tarjeta amarilla que le habría dejado fuera de la final si Inglaterra hubiera ganado.
Consciente de lo que significaba, Gascoigne rompió a llorar en el campo de juego con el partido aún en marcha. La imagen dio la vuelta al mundo y se convirtió en uno de los momentos más humanos y emotivos de la historia del fútbol. Inglaterra perdió en penaltis. Gazza nunca llegaría a una final del Mundial.
La final aburrida
La final del 8 de julio de 1990 en Roma entre Alemania Occidental y Argentina fue el colofón perfecto a un torneo marcado por la falta de juego. Argentina llegaba con dos expulsados y había mostrado un fútbol de bajísima calidad. Alemania dominó el partido sin brillantez. Andreas Brehme transformó un penalti en el minuto 85 para dar el título a los germanos. Argentina terminó el partido con nueve jugadores.
España en el torneo
España fue eliminada en octavos de final por Yugoslavia (2-1 en la prórroga). La selección había pasado los grupos con resultados discretos y cayó ante un rival de calidad que supo aprovechar sus carencias. Una eliminación temprana que cerró una década de participaciones mundialistas irregulares.
Datos del torneo
Se jugaron 52 partidos con 115 goles (2,21 de media). Schillaci (6 goles) fue el máximo goleador. El torneo fue el último de Alemania como dos países separados: apenas tres meses después, el 3 de octubre de 1990, se producía la reunificación alemana.