El Mundial de Estados Unidos de 1994 fue una apuesta arriesgada de la FIFA y resultó un éxito rotundo. Organizar el mayor evento futbolístico del mundo en un país donde el fútbol era prácticamente desconocido a nivel popular parecía una locura. El resultado fue el torneo con mayor asistencia de la historia y una competición que contribuyó significativamente al posterior despegue del fútbol en Norteamérica.
El fútbol llega a América
La elección de Estados Unidos como sede del Mundial de 1994 respondía a una estrategia comercial y de expansión global del fútbol. La condición de la FIFA era que el país organizador creara una liga profesional de primer nivel. Así nació la Major League Soccer (MLS), que comenzó a funcionar en 1996 y que décadas después se convertiría en uno de los destinos más atractivos del fútbol mundial.
Los estadios americanos —diseñados para el fútbol americano— eran enormes. El Pontiac Silverdome de Detroit fue el primer estadio cubierto en acoger partidos del Mundial. El Rose Bowl de Los Ángeles albergó la final con capacidad para más de 94.000 personas. La media de asistencia por partido fue de 68.991 espectadores, récord histórico que sigue en pie.
Romario y Bebeto, la dupla goleadora
Brasil llegó al torneo con una de las mejores parejas de delanteros de su historia: Romario y Bebeto. La conexión entre los dos atacantes fue perfecta durante todo el torneo. Creatividad y gol de Romario, técnica y oportunismo de Bebeto. Juntos, formaron una sociedad imbatible.
La imagen más icónica del torneo brasileño fue la celebración de Bebeto tras su gol ante Holanda en cuartos de final: el delantero meció los brazos como si arrullara a un bebé, en referencia al hijo que acababa de nacer. Sus compañeros Mazinho y Romario se unieron a la celebración en lo que se convirtió en la imagen más reproducida del torneo.
El polémico partido España-Italia
España tuvo una actuación destacada en el torneo. Pasó la fase de grupos con solidez y llegó a cuartos de final, donde se enfrentó a Italia en un partido que la historia recuerda por una polémica mayúscula. En el minuto 64, Mauro Tassotti propinó un codazo en la nariz a Luis Enrique dentro del área italiana sin que el árbitro argentino Sándor Puhl pitara nada. Italia ganó el partido (2-1) y avanzó a semifinales.
La UEFA sancionó posteriormente a Tassotti con ocho partidos de suspensión, reconocimiento implícito del error arbitral, pero España ya había quedado eliminada. Fue uno de los momentos más injustos de la historia reciente de la selección española.
La final: el penalti de Baggio
La final del 17 de julio de 1994 en el Rose Bowl de Los Ángeles fue, paradójicamente, el partido con menos goles de la historia de las finales mundialistas: ninguno en 90 minutos, ninguno en la prórroga. La primera final del Mundial decidida en penaltis requirió de cinco lanzadores por bando.
Roberto Baggio, el jugador más talentoso de Italia y una de las grandes figuras de su generación, llegó al último penalti con la necesidad de marcar para que la tanda continuara. Su disparo se fue alto por encima del larguero. Brasil fue campeón del mundo por cuarta vez. La imagen de Baggio con la cabeza agachada y la cola de caballo al viento es una de las más tristes y bellas de la historia del deporte.
Datos del torneo
Se jugaron 52 partidos con 141 goles (2,71 de media). Oleg Salenko (Rusia) y Hristo Stoichkov (Bulgaria) fueron los máximos goleadores con 6 tantos cada uno. La sorpresa del torneo fue la selección de Bulgaria, que llegó a las semifinales. El torneo de 1994 fue el último en el formato de 24 equipos; a partir de 1998 se ampliaría a 32.