Susan Butcher llegó a Alaska en 1973, el mismo año que se celebró la primera edición del Iditarod, como si el destino hubiera sincronizado ambos comienzos. Procedente de Cambridge, Massachusetts, Butcher buscaba un modo de vida en contacto con la naturaleza y los animales que la ciudad no podía darle. Lo que encontró en Alaska fue mucho más: una vocación, un deporte y una forma de convertirse en símbolo de algo más grande que las carreras de trineos.
Los comienzos: aprendizaje en el extremo
Butcher se instaló en un remoto paraje al norte de Fairbanks, accesible solo en avioneta durante los meses de invierno, y comenzó a crear su kennel de perros. Su dedicación fue total desde el primer momento. A diferencia de otros mushers que combinaban el mushing con otros trabajos, Butcher centró su vida entera alrededor de sus perros: los entrenaba, los criaba, los cuidaba y aprendía de ellos con una intensidad que sus rivales reconocían y respetaban.
Sus primeras participaciones en el Iditarod mostraron que era una competidora extraordinaria, aunque la victoria tardó en llegar. En 1985 fue atacada por un alce durante el entrenamiento: el animal mató a dos de sus mejores perros e hirió a otros nueve, lo que le obligó a abandonar la carrera de ese año. Este incidente, lejos de desanimarla, pareció fortalecer su determinación. En 1986 ganó el Iditarod por primera vez.
Tres victorias consecutivas: un dominio histórico
Las tres victorias consecutivas de Butcher entre 1986 y 1988 son uno de los períodos de dominio más impresionantes de la historia del Iditarod. En un deporte donde las condiciones cambian cada año, donde la competencia es feroz y donde el factor aleatorio de las tormentas y el terreno puede voltear cualquier resultado, ganar tres veces seguidas requiere algo más que talento: requiere un sistema.
El sistema de Butcher se basaba en la relación profunda con sus animales y en una preparación física y mental rigurosa. Sus perros mostraban una consistencia extraordinaria en los tramos más duros: cuando las tormentas obligaban a otros equipos a detenerse, los de Butcher seguían avanzando. Cuando el agotamiento acumulado hacía flaquear a otros mushers en los últimos kilómetros, Butcher mantenía la cadencia. Su cuarta victoria, en 1990, confirmó que no había sido un accidente sino el resultado de un método.
Legado y enfermedad
En 2006 a Susan Butcher le fue diagnosticada leucemia, la misma enfermedad que había sufrido su madre. Murió el 5 de agosto de 2006, a los 51 años. Su muerte fue recibida como una pérdida personal por toda la comunidad del mushing y por el estado de Alaska, que había visto en ella a una de sus figuras más representativas. El «Día de Susan Butcher», que se celebra el primer sábado de marzo en Alaska, es el reconocimiento oficial de su legado. Ella demostró que el Iditarod no tenía género, que los trineos de perros no distinguían entre hombres y mujeres, y que la clave del éxito era la relación con los animales por encima de cualquier otra cosa.