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Juegos Olímpicos

¿Cuánto cuesta organizar unos Juegos Olímpicos?

Los Juegos de Tokio 2020 costaron más de 13.000 millones de euros. El coste real de organizar unas olimpiadas, quién paga y si merece la pena económicamente.

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Organizar unos Juegos Olímpicos es una de las operaciones logísticas más complejas y caras del planeta. Un estadio olímpico, una villa de atletas, instalaciones para 30 disciplinas, seguridad para millones de visitantes y la retransmisión para varios miles de millones de espectadores. ¿Cuánto cuesta todo eso realmente y quién acaba pagando la factura?

El presupuesto olímpico: qué incluye y qué se suele olvidar

El presupuesto oficial de unos Juegos Olímpicos tiene varias capas. El presupuesto operativo cubre los gastos directos de organización: la ceremonia de apertura, la seguridad, el transporte, el alojamiento de atletas y medios, la comunicación y la logística del evento en sí. Este es el presupuesto que publica el Comité Organizador Local.

Pero luego está el presupuesto de infraestructuras: la construcción o renovación de estadios, piscinas, velódromos, instalaciones de atletismo, pabellones de deportes de sala y la villa olímpica. Este capítulo es habitualmente mucho más caro que el operativo y es el que provoca los mayores sobrecostes.

A eso hay que añadir los gastos indirectos: mejoras en transporte público, seguridad ampliada durante meses, impacto en la burocracia pública y las compensaciones por desplazamientos de población (especialmente polémicas en ciudades como Río de Janeiro). La suma real siempre supera ampliamente el presupuesto inicial aprobado.

Los Juegos más caros de la historia

Sochi 2014 ostenta el récord absoluto de gasto en unos Juegos Olímpicos (de invierno o verano), con estimaciones que van de los 43.000 a los 51.000 millones de dólares. La cantidad incluye la transformación integral de una ciudad turística de la costa del Mar Negro en una sede olímpica de invierno, incluyendo nuevas carreteras, ferrocarriles y hoteles. Parte del gasto fue infraestructura de largo plazo para la región, pero también hubo corrupción documentada que infló considerablemente los costes.

Pekín 2008 fue el escaparate del ascenso de China como potencia global. Con una inversión estimada de entre 40.000 y 44.000 millones de dólares, incluyó la construcción del estadio Nido de Pájaro, el Cubo de Agua y una remodelación urbanística a gran escala de la capital. Fue también la primera edición en la que el gasto en infraestructuras de un país anfitrión superó claramente todos los precedentes modernos.

Tokio 2020, celebrado en 2021 por la pandemia de COVID-19, costó oficialmente 13.600 millones de dólares, aunque auditorías independientes lo sitúan más cerca de los 15.000 millones. El aplazamiento de un año añadió unos 2.800 millones adicionales. Para colmo, los Juegos se celebraron sin público en las instalaciones deportivas por las restricciones sanitarias, lo que eliminó los ingresos de taquilla previstos.

Los más económicos: Los Ángeles 1984, el modelo que cambió las reglas

En el extremo opuesto está la edición de Los Ángeles 1984, que pasó a la historia como el primer Juego Olímpico moderno que terminó con beneficios económicos: aproximadamente 215 millones de dólares de superávit. Fue posible gracias a una apuesta radical por la financiación privada, liderada por el empresario Peter Ueberroth.

El modelo de Los Ángeles 1984 se basó en usar instalaciones ya existentes (estadios universitarios, instalaciones deportivas de la ciudad), limitar la construcción nueva al mínimo imprescindible y monetizar los derechos televisivos y el patrocinio de grandes marcas de forma sistemática. Fue el primer JJOO moderno en tratar el evento como un negocio sostenible y el modelo que el COI intentó (con desigual éxito) promover en ediciones posteriores.

Quién paga: el COI, el país y la ciudad sede

La estructura financiera es compleja. El Comité Olímpico Internacional (COI) aporta una parte de los ingresos globales del movimiento olímpico (derechos televisivos, patrocinios mundiales), que para Tokio 2020 fue de aproximadamente 1.800 millones de dólares. El resto lo pone el país o la ciudad sede, a través de fondos públicos y, en menor medida, patrocinios locales.

La proporción entre fondos públicos y privados varía mucho según el modelo elegido. En Los Ángeles 1984 fue mayoría privada; en Pekín 2008 fue casi totalmente pública. Lo que es constante es que el Estado siempre acaba respondiendo de los sobrecostes, sea directamente o a través de garantías públicas.

El “elefante blanco” de las infraestructuras

Uno de los problemas más recurrentes del modelo olímpico es el destino de las instalaciones construidas específicamente para los Juegos. Cuando el evento termina, muchos estadios y pabellones quedan sin uso, convirtiéndose en lo que los economistas llaman “elefantes blancos”:

  • El estadio olímpico de Atenas 2004 lleva años en estado de abandono parcial.
  • El Nido de Pájaro de Pekín 2008 fue un atractivo turístico durante años, pero los costes de mantenimiento son enormes y su uso deportivo es residual.
  • Las instalaciones de Río 2016, especialmente el velódromo y el parque acuático, quedaron prácticamente abandonadas en pocos meses, en una ciudad que ya antes de los Juegos tenía graves problemas de infraestructura básica para su población.

¿Son rentables los Juegos Olímpicos? El debate sin resolver

La pregunta de si organizar unos Juegos Olímpicos es económicamente rentable lleva décadas sin tener una respuesta definitiva. Los defensores hablan del impacto en turismo (aunque las cifras reales durante los Juegos suelen defraudar: los turistas habituales se van para no coincidir con las aglomeraciones), del impacto en la imagen de marca del país o ciudad (más difícil de cuantificar pero real) y de la inversión en infraestructura permanente que de otro modo no se habría hecho.

Los críticos señalan que esa inversión en infraestructura podría haberse hecho de forma más eficiente y dirigida a las necesidades reales de la población. Un estudio de Oxford de 2016 analizó todos los Juegos modernos y concluyó que el 100% de ellos había superado su presupuesto inicial, con un sobrecoste medio del 172%.

Los Juegos de Los Ángeles 2028: una apuesta por la sostenibilidad

Los próximos Juegos de Verano, Los Ángeles 2028, se diseñaron desde el principio con el objetivo de reducir costes. La candidatura se basa casi exclusivamente en instalaciones ya existentes: el Memorial Coliseum (olímpico en 1932 y 1984), el Crypto.com Arena (NBA), el SoFi Stadium (NFL) y los campus universitarios de UCLA y USC. No se construirá prácticamente ninguna instalación nueva, lo que debería mantener el presupuesto muy por debajo de los grandes gastos de Pekín, Sochi o Tokio.

Si el modelo de Los Ángeles 2028 funciona, podría convertirse en la nueva referencia de cómo organizar unos Juegos Olímpicos sin arruinar a la ciudad anfitriona.

Preguntas frecuentes

¿Cuánto costaron los Juegos Olímpicos de Tokio 2020?
Los Juegos de Tokio 2020, celebrados en 2021 por la pandemia, costaron oficialmente unos 13.600 millones de dólares (alrededor de 12.500 millones de euros), aunque auditorías independientes elevan la cifra hasta los 15.000 millones. El retraso de un año por la COVID-19 añadió unos 2.800 millones de dólares adicionales al presupuesto inicial.
¿Qué país ha gastado más en organizar unos Juegos Olímpicos?
Rusia con los Juegos de Invierno de Sochi 2014 es el récord absoluto con un gasto estimado de entre 43.000 y 51.000 millones de dólares, aunque incluyó obras de infraestructura general de la región. En Juegos de Verano, el récord lo tienen los Juegos de Pekín 2008, con un coste estimado de entre 40.000 y 44.000 millones de dólares.

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