La gimnasia es uno de los deportes más antiguos del programa olímpico moderno. Estuvo presente en los primeros Juegos de Atenas 1896 con ejercicios básicos en aparatos como las barras paralelas, las argollas y el potro. Más de 125 años después, la gimnasia artística, rítmica y en trampolín siguen siendo algunas de las disciplinas más vistas y más emocionalmente intensas de cada olimpiada.
Los primeros años: disciplina y aparatos simples
La gimnasia olímpica de finales del siglo XIX y principios del XX era fundamentalmente gimnasia deportiva alemana y sueca, dos escuelas con filosofías diferentes: la alemana enfatizaba la fuerza y los aparatos; la sueca, los ejercicios libres y la fluidez del movimiento. Los primeros programas olímpicos combinaban elementos de ambas tradiciones junto con pruebas que hoy resultan extravagantes, como la cuerda de trepar o las paralelas de subida.
La gimnasia masculina y femenina siguieron caminos separados durante décadas. La competición femenina en los Juegos no llegó hasta Ámsterdam 1928, y el programa completo de pruebas femeninas no se estabilizó hasta bien entrados los años 50.
La era soviética: cuando la gimnasia se convirtió en arte
La llegada de la Unión Soviética al olimpismo en 1952 transformó la gimnasia. Las gimnastas soviéticas como Larisa Latynina, que ganó 18 medallas olímpicas entre 1956 y 1964 (nueve de oro), llevaron el deporte a un nivel de exigencia artística y técnica nunca visto. Durante dos décadas, la URSS dominó la gimnasia femenina con una combinación de talento natural, ciencia del entrenamiento y recursos estatales.
Olga Korbut: la revolución que vio el mundo entero
Pero fue en Múnich 1972 cuando la gimnasia saltó definitivamente al primer plano de la cultura popular. La soviética Olga Korbut, con solo 17 años, ejecutó en las barras asimétricas un salto mortal atrás sobre la barra superior que nadie había intentado antes en competición olímpica. El movimiento fue bautizado como “el bucle de Korbut” y la audiencia televisiva mundial quedó atónita.
Korbut ganó cuatro medallas de oro olímpicas (tres en Múnich, una en Montreal 1976) y transformó la percepción pública de la gimnasia. Antes de ella, era un deporte de adultos maduros. Después, se convirtió también en territorio de adolescentes con agilidad prodigiosa. Miles de niñas en todo el mundo se inscribieron en clases de gimnasia tras ver sus actuaciones por televisión.
Nadia Comaneci y el 10 perfecto
Si Korbut prendió la mecha, Nadia Comaneci la hizo explotar. En los Juegos de Montreal 1976, la rumana de 14 años consiguió el primer 10 perfecto de la historia olímpica en las barras asimétricas. Y luego otro. Y otro más. En total, siete decimas perfectas en unos mismos Juegos.
El marcador electrónico del pabellón mostraba 1.00 porque nadie había previsto que pudiera llegar un 10: el sistema sólo tenía tres dígitos. El público tardó varios segundos en entender lo que estaba viendo. Comaneci ganó tres oros en Montreal y dos más en Moscú 1980, convirtiéndose en un símbolo de la excelencia deportiva que trasciende el mundo de la gimnasia.
El cambio de sistema: adiós al 10
Durante décadas, el sistema de puntuación sobre 10 fue el lenguaje universal de la gimnasia. Pero también era una fuente de controversias y arbitrariedades: cuando varias gimnastas alcanzan el máximo teórico, la discriminación entre ellas se vuelve imposible.
Tras los escándalos de arbitraje en Atenas 2004, la Federación Internacional de Gimnasia (FIG) adoptó el nuevo Código de Puntos para los Juegos de Pekín 2008. El sistema separó la puntuación en dos componentes:
- Puntuación de Dificultad (D-Score): valora la complejidad técnica de la rutina, sin límite superior.
- Puntuación de Ejecución (E-Score): valora la limpieza técnica sobre una base de 10, con penalizaciones por errores.
La suma de ambas da la nota final. Este sistema permite que las rutinas más difíciles siempre sean recompensadas con puntuaciones más altas, eliminando el “techo” artificial del 10.
Simone Biles: redefiniendo los límites
En este contexto llegó Simone Biles, la gimnasta estadounidense nacida en 1997 que desde 2013 ha dominado la gimnasia mundial de una manera sin precedentes. Biles realiza elementos de dificultad tan extrema que el propio Código de Puntos ha tenido que crear entradas específicas para ella. Varios movimientos llevan oficialmente su nombre, entre ellos el Biles en suelo (doble mortal carpado hacia atrás con giro) y el Biles II en salto (Yurchenko de doble salto mortal).
Tras su pausa en Tokio 2020 por motivos de salud mental, regresó en París 2024 con una actuación que la reconfirmó como la mejor de su generación. Su historia no es solo deportiva: Biles ha cambiado también la conversación sobre la salud mental en el deporte de élite, normalizando que los atletas puedan priorizar su bienestar sobre la presión de competir.
La gimnasia olímpica ha recorrido un camino extraordinario desde las barras y el potro de Atenas 1896. Hoy es un deporte que combina atletismo puro, arte y una exigencia técnica que sigue empujando los límites de lo humanamente posible.