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Juegos Olímpicos

Las Olimpiadas canceladas por las guerras mundiales: 1916, 1940 y 1944

Tres ediciones de los Juegos Olímpicos fueron canceladas por las guerras mundiales. Así fueron los JJOO que nunca se celebraron y cómo afectó al deporte mundial.

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Los Juegos Olímpicos se concibieron como un símbolo de paz entre naciones. La crueldad de la historia quiso que precisamente las guerras más destructivas del siglo XX los borraran del calendario en tres ocasiones. Las ediciones de 1916, 1940 y 1944 nunca se celebraron. Detrás de cada fecha cancelada hay generaciones de atletas que nunca tuvieron su momento olímpico.

Los Juegos de Berlín 1916: la primera víctima

Los Juegos de 1916 fueron asignados a Berlín durante el Congreso Olímpico de Estocolmo de 1912, tras los exitosos Juegos de esa misma ciudad. Alemania recibió el encargo con entusiasmo: se diseñó un estadio olímpico, se planificaron instalaciones y el mundo del deporte internacional comenzó a prepararse.

Entonces llegó el verano de 1914. El asesinato del archiduque Francisco Fernando en Sarajevo desencadenó una guerra que nadie imaginaba que duraría cuatro años. En agosto de ese año, las principales potencias europeas estaban ya en guerra. El COI, con sede en Lausana, siguió intentando mantener viva la esperanza de celebrar los Juegos hasta que resultó evidente que era imposible. Los Juegos de 1916 fueron cancelados.

En el sistema de numeración olímpica, esta edición figura como la VI Olimpiada. La siguiente edición real, celebrada en Amberes (Bélgica) en 1920, es la VII. Los belgas fueron elegidos como sede en parte como reconocimiento al sufrimiento de Bélgica durante la ocupación alemana.

Alemania y sus aliados fueron excluidos de esos Juegos de Amberes 1920 como castigo por haber iniciado la guerra. La primera vez que Alemania volvió a los Juegos fue en 1928, en Ámsterdam.

Los Juegos de Tokio/Helsinki 1940: una sede que cambió dos veces

La historia de los Juegos cancelados de 1940 es especialmente enrevesada. En 1936, el COI asignó los Juegos de la XII Olimpiada a Tokio, Japón, que habría sido el primer país asiático en albergar los Juegos Olímpicos modernos.

Pero en 1937, Japón intensificó su guerra contra China. La carga económica del conflicto y la presión internacional hicieron que el propio gobierno japonés renunciara a la organización en julio de 1938. Fue un gesto inusual: una ciudad anfitriona devolviendo voluntariamente los Juegos.

El COI reasignó la sede a Helsinki, Finlandia, que había estado muy cerca de conseguirlos para 1940. Los finlandeses se pusieron a trabajar. Construyeron instalaciones, los atletas comenzaron sus preparaciones y todo apuntaba a que Helsinki acogerías los Juegos.

Entonces, en noviembre de 1939, la Unión Soviética invadió Finlandia, iniciando la Guerra de Invierno. Las instalaciones olímpicas se convirtieron en hospitales militares. En la primavera de 1940, con la ocupación alemana de Europa Occidental en pleno desarrollo, el COI canceló definitivamente los Juegos de 1940. Tokio y Helsinki nunca llegaron a celebrar los Juegos que les habían sido prometidos, aunque ambas ciudades los organizarían décadas después: Tokio en 1964 y Helsinki en 1952.

Los Juegos de Londres 1944: la tercera cancelación

Para 1944, Europa llevaba cinco años en guerra. Aun así, el COI había asignado los Juegos de la XIII Olimpiada a Londres, una decisión que en cierta medida fue simbólica: una declaración de confianza en que la guerra acabaría. No acabó a tiempo.

Los Juegos de Londres 1944 fueron cancelados antes incluso de que la planificación pudiera comenzar de manera seria. La ciudad estaba sufriendo los bombardeos alemanes y la capacidad logística de Gran Bretaña se destinaba por completo al esfuerzo bélico.

La historia quiso que Londres finalmente sí celebrara los Juegos, pero cuatro años después: Londres 1948, los llamados “Juegos de la Austeridad”, se convirtieron en el símbolo del mundo tratando de recuperarse de la guerra. Alemania y Japón fueron excluidos también de esa edición.

El impacto en las generaciones de atletas

Las tres cancelaciones no son solo estadísticas. Detrás de cada edición fantasma hay miles de atletas que estaban en el mejor momento de sus carreras y nunca pudieron competir por el oro que habrían merecido.

Atletas que alcanzaron su pico de forma en 1916, 1940 o 1944 vieron cómo la historia les negaba su oportunidad. Algunos pudieron competir en la edición siguiente, ya con más edad. Muchos otros nunca llegaron: murieron en combate, en bombardeos, en campos de concentración.

El caso más llamativo quizás sea el de los atletas que habían ganado medallas en los Juegos anteriores y esperaban defender sus títulos. El sistema olímpico tiene esta cruelísima característica: solo hay una oportunidad cada cuatro años, y si ese año no hay Juegos, simplemente no hay otra ocasión.

El olimpismo y la paz: una promesa que la historia pone a prueba

Pierre de Coubertin, el fundador de los Juegos modernos, creía en la capacidad del deporte para promover la paz. La tregua olímpica —el ekecheiria de la Antigua Grecia— era uno de los principios fundacionales del movimiento.

La realidad del siglo XX demostró que ni los Juegos ni ninguna otra institución pueden detener una guerra cuando las naciones han decidido hacerla. Sin embargo, los Juegos sí celebraron en momentos de tensión extrema: Múnich 1972 se celebró a pesar del atentado terrorista que mató a once atletas israelíes; los Juegos continuaron mientras los atletas seguían compitiendo. Ciudad de México 1968 se celebró días después de la masacre de Tlatelolco.

La diferencia entre la cancelación y la continuación parece ser, más que nada, de grado: cuando la guerra es total y afecta a los propios países organizadores, no hay Juegos posibles. Cuando el conflicto es suficientemente localizado, el movimiento olímpico ha optado siempre por seguir adelante.

La numeración: por qué Barcelona 1992 es la XXV Olimpiada

El sistema de numeración del COI mantiene la cuenta de todas las olimpiadas, incluso las no celebradas. Esto genera una curiosidad aritmética que muchos aficionados no comprenden al principio.

Cuando se celebraron los Juegos de Barcelona 1992, eran la XXV Olimpiada de la era moderna. Pero si contamos las ediciones realmente celebradas hasta ese momento, solo hay 22: 1896, 1900, 1904, 1908, 1912, 1920, 1924, 1928, 1932, 1936, 1948, 1952, 1956, 1960, 1964, 1968, 1972, 1976, 1980, 1984, 1988 y 1992. Las tres ediciones fantasma —1916, 1940 y 1944— están contadas en la numeración pero no en el recuento real.

Esta decisión del COI tiene un sentido simbólico: reconoce que esas olimpiadas existieron, aunque solo como promesa incumplida. Es una forma de no borrar de la historia lo que la guerra arrebató al deporte.

Preguntas frecuentes

¿Cuántas olimpiadas han sido canceladas en la historia?
Tres ediciones de los Juegos Olímpicos de verano han sido canceladas: las de Berlín 1916 por la Primera Guerra Mundial, y las de Tokio/Helsinki 1940 y las de Londres 1944, ambas por la Segunda Guerra Mundial. Los Juegos de invierno también tuvieron sus cancelaciones: los de Sapporo 1940 y Cortina d'Ampezzo 1944.
¿Por qué las olimpiadas de 1916 son la VII edición si fue la 6ª celebrada?
El COI mantiene la numeración correlativa de todas las ediciones aunque no se celebren, para preservar el sistema de cuatrienios olímpicos. Así, Berlin 1916 es la VI Olimpiada aunque nunca se celebrara, y la siguiente edición real, Amberes 1920, es la VII. Esta misma lógica explica que Barcelona 1992 se numere como XXV aunque solo se hubieran celebrado 22 ediciones reales hasta entonces.
¿Afectaron los boicots de la Guerra Fría a los Juegos tanto como las cancelaciones de guerra?
Los boicots de 1980 (Moscú) y 1984 (Los Ángeles) redujeron significativamente la participación —más de 60 países en cada caso—, pero los Juegos sí se celebraron. Las cancelaciones de 1916, 1940 y 1944 suprimieron por completo la competición, privando a generaciones enteras de atletas de su única oportunidad olímpica.

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