Deporteka
🏅

Juegos Olímpicos

Mascotas olímpicas: historia de todos los personajes de los Juegos

Desde Waldi el dachshund de Múnich 1972 hasta Phryge de París 2024, las mascotas olímpicas han sido el símbolo más querido y polémico de cada edición.

Mascotas olímpicas: historia de todos los personajes de los Juegos mascotas olimpicasmascotas juegos olimpicos historiamascota olimpiadascobi mascota barcelona 1992

Hoy nos parece imposible imaginar unos Juegos Olímpicos sin su mascota. Pero esta tradición tiene apenas cincuenta años. Desde aquel primer perro salchicha de colores que apareció en Múnich en 1972, las mascotas olímpicas han acumulado una historia propia llena de éxitos, polémicas y personajes que han pasado a la cultura popular de sus respectivos países.

El origen: Múnich 1972 y Waldi el dachshund

La primera mascota oficial de unos Juegos Olímpicos nació en Múnich 1972. Se llamaba Waldi y era un perro dachshund —lo que en España conocemos popularmente como perro salchicha— pintado en los colores oficiales de aquellos Juegos: azul claro, verde y amarillo.

La elección no era arbitraria. El dachshund es una raza muy popular en Baviera, la región alemana que acogía los Juegos. Los organizadores eligieron la figura de un perro conocido y querido en la región para crear un vínculo afectivo inmediato con el público local. Waldi apareció en todo tipo de productos de merchandising y fue el primero en demostrar que una mascota olímpica podía ser un fenómeno comercial.

La tragedia de los Juegos de Múnich —el atentado del Septiembre Negro que mató a once atletas israelíes— eclipsó todo el aspecto festivo de aquella edición, incluida la mascota. Waldi quedó asociado para siempre a unos Juegos marcados por el dolor.

Misha, el oso soviético que conquistó el mundo

En Moscú 1980, la mascota fue Misha, un oso pardo con un cinturón olímpico. El diseño, creado por el ilustrador Victor Chizhikov, consiguió algo extraordinario: un personaje tan simpático y entrañable que trascendió la frialdad propagandística de los Juegos soviéticos.

La ceremonia de clausura de Moscú 1980 incluyó una escena memorable: el enorme globo con la imagen de Misha ascendiendo sobre el estadio mientras 100.000 espectadores lloraban. Fue uno de los momentos más emotivos en la historia de las ceremonias olímpicas. Misha se convirtió en un fenómeno de merchandising a escala mundial y sigue siendo una de las mascotas más recordadas de la historia olímpica, a pesar de —o quizás gracias a— el boicot que redujo la participación de aquellos Juegos.

Sam el águila y la respuesta americana

Los Ángeles 1984 respondió con Sam, un águila calva —el símbolo nacional de Estados Unidos— con sombrero de copa en los colores de la bandera americana. Era difícil encontrar algo más opuesto al oso soviético. Si Misha era entrañable y suave, Sam era directamente patriótico y orgulloso.

Sam fue diseñado por Robert Moore y Walt Disney Productions, y fue la primera mascota con un respaldo industrial de primer nivel detrás. El merchandising fue masivo. Sam funcionó bien en el mercado americano, pero nunca alcanzó el calor internacional que había generado Misha.

Cobi, el catalán que dividió y conquistó

Si hay una mascota olímpica que haya generado más debate en España, esa es Cobi, la mascota de Barcelona 1992. Creada por el diseñador e ilustrador valenciano Javier Mariscal, Cobi representaba un Gos d’atura català —un pastor catalán— aunque su diseño era tan estilizado y cubista que muchos tuvieron dificultades para identificar qué animal era.

Cuando se presentó oficialmente en 1987, la recepción fue glacial. Los medios españoles la ridiculizaron. Algunos dijeron que parecía “un gato aplastado”, otros que era inidentificable. El COI expresó sus dudas. La Generalitat de Catalunya llegó a encargar estudios para evaluar si el público la aceptaría.

Y sin embargo, con el tiempo, Cobi se convirtió en un fenómeno. Su diseño rompedor encajaba perfectamente con el espíritu de renovación de la Barcelona olímpica. Se publicaron libros de cómic con Cobi como protagonista, se emitió una serie de animación televisiva, y el personaje vendió millones de figuras y productos de merchandising. Hoy Cobi es considerado uno de los iconos del diseño español de los años 90 y una de las mascotas olímpicas más queridas de la historia.

Izzy: la más criticada de todas

Si Cobi generó controversia pero acabó triunfando, Izzy de Atlanta 1996 no tuvo esa suerte. Su nombre oficial era Whatizit —un juego de palabras en inglés que pregunta “¿qué es?”—, un nombre que ya de entrada reconocía que nadie sabía muy bien qué se suponía que era el personaje.

Izzy fue la primera mascota completamente digital, sin referentes en el mundo animal ni en la cultura local. Era una criatura abstracta de color azul con ojos grandes y pies en llamas. La recepción fue brutal: la prensa la llamó “la mascota más fea de la historia olímpica”, “una pesadilla de ordenador” y “un personaje sin alma”. La revista Sports Illustrated publicó un análisis mordaz sobre su fracaso estético. Atlanta 1996 fue criticada en general por su excesiva comercialización, e Izzy se convirtió en el símbolo de todo lo que salió mal.

Las mascotas del siglo XXI

Las ediciones más recientes han apostado por diseños menos convencionales y más cargados de simbolismo cultural:

Atenas 2004 recuperó el espíritu griego con Athena y Phevos, dos figuras inspiradas en las muñecas de terracota de la Antigua Grecia, representando a la diosa Atenea y al dios Febo. Fueron diseñados juntos, estableciendo la moda de las mascotas duales.

Pekín 2008 presentó los Fuwa (“buenos augurios”), cinco personajes que representaban los cinco aros olímpicos y cinco elementos de la naturaleza china: el pez, el panda, el tíbet, el oso y la golondrina. Su diseño fue aplaudido internacionalmente.

Londres 2012 optó por Wenlock y Mandeville, dos criaturas de aspecto metálico y un solo ojo —una cámara— inspiradas en las gotas de acero de las instalaciones del Estadio Olímpico. Generaron reacciones encontradas.

Río 2016 presentó a Vinicius, un animal imaginario que mezclaba rasgos de distintos animales brasileños con colores vibrantes tropicales. El personaje fue muy bien recibido y su nombre fue elegido en un concurso popular.

Tokio 2020 apostó por Miraitowa, cuyo nombre combina las palabras japonesas para “futuro” y “eternidad”. Su diseño geométrico y los motivos tradicionales del kimono japonés fusionados con la estética moderna le ganaron el reconocimiento de los expertos en diseño.

París 2024 presentó a Phryge, un gorro frigio —el símbolo de la Revolución Francesa y de la libertad— en forma de personaje animado. La elección fue coherente con la identidad cultural francesa y tuvo una buena acogida general.

Las mascotas de invierno

Los Juegos Olímpicos de Invierno también tienen su propia historia de mascotas. Schneemann (Innsbruck 1976), el primer muñeco de nieve olímpico; Hidy y Howdy, los osos de Calgary 1988; Powder, Copper y Coal de Salt Lake City 2002; o Neve y Gliz de Turín 2006, entre muchas otras.

Las mascotas de invierno suelen reflejar la fauna y el paisaje de regiones montañosas: osos polares, lobos, marmotas y figuras relacionadas con la nieve son los protagonistas habituales.

El negocio del merchandising

Las mascotas olímpicas son también un negocio enorme. Los derechos de imagen se explotan a través de licencias para juguetes, ropa, papelería, videojuegos y miles de productos más. Para los Juegos de mayor impacto —como Barcelona 1992, Pekín 2008 o Tokio 2020—, el merchandising de la mascota genera ingresos de cientos de millones de euros.

El éxito comercial de una mascota depende de factores difíciles de predecir: la simpatía del diseño, la aceptación cultural, la capacidad de crear productos físicos atractivos y, sobre todo, que los Juegos en sí transcurran bien y generen sentimientos positivos en el público. Una mascota asociada a Juegos problemáticos tiene pocas posibilidades de perdurar en el afecto popular.

Preguntas frecuentes

¿Cuándo empezaron las mascotas olímpicas?
La primera mascota oficial de los Juegos Olímpicos fue Waldi, un perro dachshund de colores, creado para los Juegos de Múnich 1972. Antes de esa edición no existía la tradición de tener una mascota oficial, aunque algunas ediciones anteriores habían tenido animales o personajes no oficiales asociados a los Juegos.
¿Cuál fue la mascota de Barcelona 1992?
La mascota de los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992 fue Cobi, un perro de raza Gos d'atura català —pastor catalán— diseñado por el ilustrador Javier Mariscal. Su estilo cubista y aparentemente desproporcionado generó mucha polémica en el momento de su presentación, pero acabó convirtiéndose en uno de los personajes más queridos de la historia olímpica. Cobi tuvo incluso su propia serie de animación televisiva.
¿Cuál es la mascota olímpica más criticada de la historia?
El título de mascota más criticada suele recaer en Izzy, la mascota de los Juegos de Atlanta 1996, cuyo nombre oficial era Whatizit. Fue la primera mascota completamente digital y de diseño abstracto, sin ningún referente animal o cultural claro. La prensa y el público la recibieron con burlas generalizadas, llegando a ser calificada como la peor mascota olímpica de la historia por numerosas publicaciones.

Más artículos sobre los JJOO