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Juegos Olímpicos

Los momentos más épicos de la historia olímpica

De Spyridon Louis en Atenas 1896 a Usain Bolt en Pekín 2008: los momentos más emocionantes, históricos e inesperados de la historia de los Juegos Olímpicos.

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Hay momentos en la historia del deporte que trascienden el resultado, la marca o el podio. Momentos en que algo sucede en una pista, una piscina o un estadio y el mundo entero contiene la respiración. Los Juegos Olímpicos, con su combinación única de escala global, presión extrema y diversidad de deportes, han producido más de esos momentos que ninguna otra competición. Esta es una selección de los más grandes.

Spyridon Louis y el primer maratón olímpico (Atenas 1896)

Los primeros Juegos Olímpicos modernos de Atenas 1896 necesitaban un héroe griego. Y lo encontraron en el lugar más inesperado.

Spyridon Louis era un aguador de Marousi, una aldea a las afueras de Atenas. No era un atleta de élite ni un deportista conocido. Pero la carrera que cerraba los primeros Juegos modernos era especial: el maratón, diseñado para rememorar la legendaria carrera del soldado griego Filípides desde el campo de batalla de Maratón hasta Atenas para anunciar la victoria sobre los persas.

El 10 de abril de 1896, Louis salió de Maratón junto a otros 16 corredores de varios países. A mitad de carrera, iba en quinto lugar. Pero fue remontando posición a posición bajo el sol griego. Cuando entró al Estadio Pancretense de Atenas, el público de 100.000 personas enloqueció. Dos príncipes griegos —Konstantinos y Georgios— bajaron de la tribuna real y corrieron los últimos metros junto a él. Louis completó el recorrido en 2 horas, 58 minutos y 50 segundos.

Aquella noche, el rey Jorge I le ofreció lo que quisiera como recompensa. Louis, que era aguador, pidió un carro y un caballo para transportar mejor el agua. Nunca volvió a correr competitivamente.

Jesse Owens y sus 4 oros bajo la mirada nazi (Berlín 1936)

En los Juegos organizados por la Alemania nazi como escaparate de la supremacía aria, un atleta negro de Alabama ganó cuatro medallas de oro en cuatro días. Los 100 metros, los 200 metros, el salto de longitud y el relevo 4x100 metros. Jesse Owens destruyó el relato de Hitler con cada paso que daba sobre la pista.

El momento más humano de esa actuación fue en el salto de longitud, cuando el alemán Luz Long —su principal rival— se acercó a él durante la clasificación para aconsejarle cómo evitar otro nulo. Los dos saltaron juntos como favoritos para el oro, y cuando Long ganó la plata y Owens el oro, pasearon cogidos del brazo alrededor de la pista mientras Hitler los observaba desde el palco. La imagen de esa amistad imposible se convirtió en símbolo eterno del deporte como antídoto contra el odio.

Emil Zátopek y la triple corona imposible (Helsinki 1952)

Emil Zátopek, el corredor de fondo checo, ya era el favorito para ganar los 10.000 metros y los 5.000 metros en los Juegos de Helsinki 1952. Ganó ambos, y encadenó sus récords olímpicos sin despeinarse. Pero entonces tomó una decisión que nadie entendió: inscribirse en el maratón.

Zátopek nunca había corrido un maratón en competición. Ninguno. Era su debut en la distancia. Y la ganó. Con la táctica de preguntar durante la carrera a Jim Peters —el favorito británico— si el ritmo le parecía demasiado lento, y cuando Peters le dijo que sí para desmoralizarle, Zátopek aceleró. Terminó con un margen de 2 minutos y medio sobre el segundo clasificado.

Nadie en la historia olímpica ha ganado los 5.000 metros, los 10.000 metros y el maratón en unos mismos Juegos. Nadie lo ha intentado seriamente desde entonces. Zátopek lo hizo en Helsinki 1952 en su primer maratón.

Bob Beamon y el salto que rompió el marcador (México 1968)

El 18 de octubre de 1968, en la Ciudad de México, el saltador de longitud estadounidense Bob Beamon tomó carrerilla, pisó la tabla y saltó. Lo que sucedió a continuación desconcertó a todos los presentes: el sistema de medición electrónica no llegaba hasta donde Beamon había caído. Tuvieron que buscar una cinta métrica manual.

La marca resultante fue 8,90 metros. El récord del mundo anterior era 8,35 metros. Beamon lo había superado en 55 centímetros de un solo golpe, cuando en los 33 años anteriores el récord solo había avanzado 22 centímetros en total. El propio Beamon, cuando le anunciaron la marca en metros (él pensaba en pies), se arrodilló en la pista.

El récord aguantó 23 años, hasta que Mike Powell saltó 8,95 metros en el Mundial de Tokio de 1991. Todavía hoy, el salto de Beamon tiene un nombre propio en el mundo del deporte: beamonesque, un adjetivo inglés que describe las actuaciones que superan en tanto a lo anterior que parecen de otro mundo.

Nadia Comaneci y el primer 10 perfecto (Montreal 1976)

El 18 de julio de 1976, la gimnasta rumana Nadia Comaneci realizó su ejercicio en barras asimétricas en el pabellón del Forum de Montreal. Los jueces deliberaron. Cuando la puntuación apareció en el marcador electrónico, mostraba 1,00.

El público pensó que había un error. El sistema electrónico no estaba programado para mostrar un 10 porque los organizadores habían asumido que era imposible obtener la puntuación máxima. El marcador solo tenía tres dígitos para las décimas, y un 10,00 se mostraba como 1,00.

El locutor tuvo que anunciar por megafonía la puntuación real. Era la primera vez en la historia olímpica que un jurado daba un 10 perfecto en gimnasia. Comaneci tenía 14 años. A lo largo de esos mismos Juegos obtuvo seis puntuaciones perfectas más y ganó tres medallas de oro. Su actuación cambió para siempre los criterios de la gimnasia artística.

Carl Lewis, Ben Johnson y el dopaje que sacudió el atletismo (Seúl 1988)

La final de los 100 metros lisos masculinos de los Juegos de Seúl 1988 se convirtió en la “carrera más sucia de la historia”. Ben Johnson, el velocista canadiense de origen jamaicano, ganó el oro con un tiempo de 9,79 segundos, un nuevo récord del mundo. Pero 72 horas después, el análisis antidopaje dio positivo en estanozolol, un anabolizante.

Johnson fue despojado de la medalla y del récord. El oro fue a parar a Carl Lewis, que terminó segundo. Pero la historia no terminó ahí: con el tiempo se supo que varios de los finalistas de aquella carrera habían estado vinculados al dopaje en distintos momentos de sus carreras. La final de los 100 metros de Seúl se convirtió en símbolo de la crisis del dopaje en el atletismo y aceleró los cambios en los controles antidopaje a nivel mundial.

Fermín Cacho y el oro en los 1500 metros (Barcelona 1992)

El 5 de agosto de 1992, ante 65.000 espectadores en el Estadio Olímpico de Montjuïc, el español Fermín Cacho ganó la final de los 1.500 metros masculinos. Venía desde atrás, lanzó su sprint en los últimos 200 metros y cruzó la línea de meta con los brazos en alto.

Para la España que acogía sus propios Juegos Olímpicos, fue el momento más emotivo de toda la competición. La imagen de Cacho cruzando la meta con los brazos abiertos, el estadio rugiendo, es una de las más reproducidas del deporte español. La retransmisión de José Ángel de la Casa —“¡Fermín Cacho, campeón olímpico!”— es una de las frases más recordadas de la historia de la televisión deportiva en España.

Cathy Freeman enciende el pebetero y gana el oro (Sídney 2000)

Cathy Freeman era la velocista aborigen australiana que el mundo entero quería ver ganar en los Juegos de Sídney 2000. Fue elegida para encender el pebetero en la ceremonia de apertura, un gesto simbólico de reconciliación entre Australia y sus pueblos indígenas.

Diez días después, el 25 de septiembre, Freeman compitió en la final de los 400 metros femeninos. El estadio de 112.000 personas enmudeció durante la carrera. Cuando cruzó la meta en primer lugar, con un tiempo de 49,11 segundos, y se sentó en la pista envuelta en su traje aerodinámico dorado, la imagen fue portada de todos los periódicos del mundo. Fue uno de los momentos más cargados de emoción y significado político de la historia olímpica.

Michael Phelps: 8 oros en una semana (Pekín 2008)

En los Juegos de Pekín 2008, el nadador estadounidense Michael Phelps se propuso igualar el récord histórico de Mark Spitz: 7 medallas de oro en unos mismos Juegos, conseguido en Múnich 1972. Y lo superó.

Durante ocho días consecutivos, Phelps compitió en ocho pruebas de natación y ganó las ocho. 8 medallas de oro. El momento más dramático llegó en los 100 metros mariposa, donde ganó por una centésima de segundo sobre el serbio Milorad Cavic. Las imágenes en cámara lenta mostraron que Cavic llevaba una mano por delante cuando Phelps activó su último manotazo para tocar la pared primero.

Phelps terminó su carrera olímpica con 23 oros, 3 platas y 2 bronces. Es el deportista más galardonado de la historia olímpica.

Usain Bolt y los récords imposibles (Pekín 2008)

En la misma edición en que Phelps dominaba la piscina, el jamaicano Usain Bolt protagonizó la actuación más espectacular del atletismo olímpico. Ganó los 100 metros con un tiempo de 9,69 segundos estableciendo un récord del mundo, y lo hizo con tiempo de sobra —empezó a celebrar antes de llegar a la meta, con un brazo extendido y la vista en las gradas, sin correr al máximo en los últimos metros. Los análisis biomecánicos calcularon que si hubiera corrido hasta el final, habría podido bajar de 9,60 segundos.

En los 200 metros, mejoró también el récord mundial con 19,30 segundos. Y en el 4x100, su equipo jamaicano estableció un nuevo récord del mundo. En Pekín 2008, Bolt no solo ganó: redefinió lo que la velocidad humana puede ser.

El deporte como espejo del mundo

Los grandes momentos olímpicos no son solo hazañas deportivas. Son instantes en que el deporte actúa como espejo de su época: Jesse Owens en el corazón del nazismo, Cathy Freeman reconciliando a una nación con su historia, Bob Beamon rompiendo los límites de lo concebible, Nadia Comaneci alcanzando la perfección con 14 años.

Por eso los Juegos Olímpicos siguen importando. Porque cada cuatro años hay una nueva posibilidad de que alguien haga algo que nadie haya visto nunca, ante los ojos de todo el mundo al mismo tiempo. Y eso, en el fondo, es lo que hace que el deporte sea mucho más que un juego.

Preguntas frecuentes

¿Cuál es considerado el momento más memorable de la historia de los Juegos Olímpicos?
No hay una respuesta única, pero varios momentos compiten por ese título: los cuatro oros de Jesse Owens bajo la mirada nazi en Berlín 1936, el primer 10 perfecto de Nadia Comaneci en Montreal 1976, el salto imposible de Bob Beamon en México 1968 o los 8 oros de Michael Phelps en Pekín 2008. Cada generación tiene los suyos, pero Berlín 1936 suele encabezar las listas por su peso histórico y humano.
¿Quién ha ganado más medallas de oro en unos mismos Juegos Olímpicos?
El récord lo comparten Michael Phelps y Mark Spitz, ambos nadadores estadounidenses, con 8 medallas de oro en una sola edición. Spitz lo consiguió en Múnich 1972 y Phelps lo igualó en Pekín 2008. Antes de Spitz, el récord era de 7, conseguido por varios atletas. Ningún deportista de un deporte individual (no natación) ha llegado siquiera a cuatro oros en una misma edición.
¿Cuál fue el primer maratón olímpico moderno y quién lo ganó?
El primer maratón olímpico de la era moderna se corrió en los Juegos de Atenas 1896. Lo ganó el griego Spyridon Louis, un aguador de la región de Marousi, con un tiempo de 2 horas, 58 minutos y 50 segundos. Louis entró al estadio pancretense ante el delirio del público griego, y dos príncipes corrieron los últimos metros junto a él. Se convirtió en héroe nacional al instante.

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