La historia de las mujeres en los Juegos Olímpicos es la historia de una conquista lenta y a menudo frustrantemente difícil. Desde la exclusión total en Atenas 1896 hasta la paridad completa en París 2024, han pasado 128 años de luchas, pioneras y transformaciones que van mucho más allá del deporte.
Pierre de Coubertin y la exclusión inicial
El fundador del olimpismo moderno, el barón francés Pierre de Coubertin, tenía ideas muy claras sobre el papel de las mujeres en los Juegos: ninguno. Para Coubertin, los Juegos debían ser una celebración de la excelencia atlética masculina, y la participación femenina era “antiestética, poco interesante e incorrecta”. Sus palabras no son matizables: explícitamente se opuso a que las mujeres compitieran.
Los primeros Juegos de la era moderna, Atenas 1896, fueron exclusivamente masculinos. No hubo una sola atleta femenina en la competición oficial.
Las primeras: París 1900 y las 22 pioneras
Cuatro años después, en los Juegos de París 1900, se abrió una pequeña grieta. 22 mujeres participaron en cinco deportes: tenis, golf, vela, hípica y croquet. La cifra es modesta en comparación con los más de 1.200 hombres que también compitieron, pero fue un primer paso.
La primera campeona olímpica de la historia fue la tenista británica Charlotte Cooper, que ganó el torneo individual femenino y el de dobles mixtos. Cooper tenía 27 años, era la número uno del tenis mundial y ya había ganado Wimbledon tres veces. Su victoria en París 1900 no fue reconocida en su momento con la solemnidad que merecía, pero la historia la ha recuperado como la primera gran figura del olimpismo femenino.
La lucha por entrar en el atletismo
Si en 1900 las mujeres pudieron participar en deportes considerados “elegantes” o “femeninos”, el atletismo fue otra historia. El atletismo era la disciplina central de los Juegos, y su apertura a las mujeres tardó décadas.
No fue hasta los Juegos de Ámsterdam 1928 cuando el programa olímpico incluyó pruebas de atletismo femenino: los 100 metros, los 800 metros, el lanzamiento de disco, el salto de altura y el relevo 4x100. Sin embargo, el episodio de los 800 metros femeninos estuvo a punto de revertir el progreso: varias atletas llegaron a la meta agotadas (algo completamente normal en una prueba de fondo), y los comentaristas de la época lo describieron como evidencia de que las mujeres no estaban preparadas para esfuerzos atléticos intensos. Los 800 metros femeninos fueron eliminados del programa hasta Roma 1960, 32 años después.
Fanny Blankers-Koen en Londres 1948: la ama de casa más rápida del mundo
Los Juegos de Londres 1948 produjeron uno de los momentos más icónicos del atletismo femenino olímpico. La holandesa Fanny Blankers-Koen, de 30 años y madre de dos hijos, ganó cuatro medallas de oro en una sola edición: los 100 metros, los 200 metros, los 80 metros vallas y el relevo 4x100.
La prensa la llamó “la ama de casa más rápida del mundo”, un apelativo que hoy suena condescendiente pero que en la época era presentado como un halago. Blankers-Koen demostró que una mujer de 30 años, casada y con hijos, podía ser la atleta más rápida del planeta. Fue elegida la mejor atleta del siglo XX por la Asociación Internacional de Federaciones de Atletismo.
El punto de inflexión: la maratón femenina en Los Ángeles 1984
Hasta 1984 no hubo maratón femenina olímpica. La distancia de 42 kilómetros había sido considerada durante décadas “demasiado exigente” para el cuerpo femenino, a pesar de que las mujeres llevaban años corriendo maratones en competiciones no olímpicas y estableciendo tiempos excelentes.
La primera campeona olímpica en maratón femenina fue la estadounidense Joan Benoit, que ganó en Los Ángeles 1984 con un tiempo de 2 horas, 24 minutos y 52 segundos. Su victoria fue un símbolo de algo más grande: la demostración definitiva de que el cuerpo femenino podía afrontar los mismos desafíos de resistencia que el masculino.
La paridad moderna: Tokio 2020 y París 2024
El camino hacia la paridad fue largo pero constante. En Múnich 1972, las mujeres representaban el 14,6% de los atletas. En Barcelona 1992, el 28,8%. En Atenas 2004, el 40,7%. En Tokio 2020, el 48,8%.
París 2024 fue la primera edición de los Juegos en alcanzar el 50/50: igual número de atletas masculinos y femeninos, e igual número de pruebas para ambos sexos. El COI también exigió por primera vez que cada delegación nacional tuviera el mismo número de abanderados hombre y mujer en la ceremonia de apertura.
Hitos españoles: Miriam Blasco y las grandes figuras
En el contexto español, el hito femenino más significativo fue el de Miriam Blasco en los Juegos de Barcelona 1992, donde ganó el oro en judo de menos de 56 kilos. Fue la primera mujer española en ganar una medalla de oro olímpica, y lo hizo en casa, delante del público español. Su victoria abrió la puerta a toda una generación de deportistas femeninas.
Desde entonces, España ha sumado oros olímpicos femeninos en vela (Theresa Zabell, dos veces), atletismo, gimnasia rítmica y otros deportes. La selección femenina de hockey sobre hierba ganó el oro en Atlanta 1996 en uno de los momentos más celebrados del deporte colectivo español.
Arabia Saudí, Qatar y la inclusión de los últimos países
Los Juegos de Londres 2012 marcaron otro hito: por primera vez, todos los países participantes enviaron al menos una atleta femenina. Arabia Saudí, Qatar y Brunéi lo hicieron por primera vez, aunque con un número muy reducido de deportistas. El COI había presionado durante años para que esto ocurriera, condicionando en algunos casos la participación de las delegaciones a que incluyeran mujeres.
El proceso ha sido gradual y no está exento de tensiones culturales y religiosas, pero la tendencia es clara: la presencia femenina en los Juegos ya no es negociable.