El axel lleva el nombre de Axel Paulsen, el patinador noruego que lo ejecutó por primera vez en 1882. Es el único de los seis saltos básicos del patinaje artístico que despega de filo exterior delantero: el patinador se lanza hacia adelante, lo que obliga a rotar más antes de preparar el aterrizaje. Esa característica lo hace visualmente reconocible y técnicamente más exigente que cualquier otro salto del mismo número de rotaciones.
El aterrizaje siempre se produce en el filo exterior trasero del pie derecho (en patinadores de rotación izquierda, que son la mayoría). La diferencia de media rotación respecto al resto de saltos tiene consecuencias prácticas enormes: mientras un triple Lutz exige exactamente tres rotaciones, el triple axel exige tres y media, lo que reduce drásticamente el tiempo disponible para completar el giro antes de tocar el hielo. La preparación técnica para dominarlo suele requerir años adicionales de entrenamiento respecto a los otros triples.
En competición, el triple axel sigue siendo el salto que separa a los patinadores de élite de los demás. Solo un pequeño número de mujeres lo han conseguido incluir de forma consistente en programas de competición. El cuádruple axel, con 4,5 rotaciones, fue ejecutado por primera vez en competición oficial por Ilia Malinin en 2022 y sigue siendo una hazaña extraordinariamente rara.