El ice dance es una de las cuatro disciplinas del patinaje artístico junto con el individual masculino, el individual femenino y las parejas. Se practica siempre en pareja —un hombre y una mujer en el patinaje convencional— y su filosofía es la de trasladar al hielo la estética y la expresividad de las danzas de salón. A diferencia del patinaje en parejas, el ice dance no permite saltos grandes ni elevaciones por encima de la cintura del compañero masculino, lo que desplaza el centro de la evaluación hacia la calidad del movimiento, la sincronización y la musicalidad.
Los elementos técnicos propios del ice dance incluyen los pattern dance (secuencias de pasos coreografiados que siguen un patrón fijo por el hielo), los twizzles (giros rápidos de un solo pie ejecutados simultáneamente), las levantadas (lifts) y las coreografías de pasos en unísono. La cercanía física entre los dos patinadores es un elemento esencial: en el ice dance, los compañeros deben mantenerse muy próximos y el contacto es constante, lo que amplifica la importancia de la sincronización exacta entre ambos.
El ice dance tiene una larga tradición competitiva que comenzó antes incluso de su inclusión en los Juegos Olímpicos en 1976. La disciplina ha evolucionado desde sus raíces más formales, influidas por los bailes de salón clásicos, hacia formas contemporáneas que incorporan teatro, danza moderna e incluso elementos acrobáticos dentro del reglamento. Parejas como Torvill y Dean, con su famoso Bolero de 1984, o Virtue y Moir, con sus programas de los Juegos de 2018, han dejado actuaciones que trascienden el ámbito deportivo y se recuerdan como expresiones artísticas excepcionales.