El lutz recibe su nombre del austriaco Alois Lutz, que lo ejecutó por primera vez en 1913. Es uno de los seis saltos básicos del patinaje artístico y se distingue porque el patinador entra en él avanzando en línea recta sobre el filo exterior trasero del pie izquierdo y utiliza la punta del patín derecho para impulsarse hacia arriba. La combinación de ese filo y ese apoyo de punta crea una tensión mecánica que lo convierte en uno de los saltos más exigentes.
La dificultad técnica del lutz reside en la contradicción entre la dirección natural del filo y el sentido de la rotación. El filo exterior trasero izquierdo guía al cuerpo en una curva que tiende hacia la izquierda, en sentido contrario a la rotación del salto (que para la mayoría de los patinadores es hacia la izquierda también, pero con origen en el filo interior). El patinador debe resistir esa tendencia y mantener el filo exterior activamente, lo que requiere una coordinación muscular específica que muchos ejecutores nunca llegan a dominar del todo.
En competición, el lutz y el flip son los dos saltos con mayor tasa de llamadas de filo por parte del panel técnico. Un flutz no corregido puede costar entre 1 y 2 puntos en el valor del elemento, lo que en la élite marca diferencias significativas entre programas. El cuádruple lutz es hoy un salto habitual entre los mejores patinadores masculinos del mundo, aunque la precisión del filo sigue siendo el principal reto para ejecutarlo limpiamente.