Para entender por qué Países Bajos domina el patinaje de velocidad con una superioridad tan aplastante, hay que remontarse a varios siglos atrás y a un país que, paradójicamente, tiene muy poco hielo natural permanente. Lo que sí tiene Países Bajos es una red de canales extraordinaria que, en los inviernos fríos, se convierte en la pista de patinaje más grande del mundo.
Un país bajo el agua
Países Bajos es literalmente uno de los países más bajos del mundo: aproximadamente un tercio de su territorio se encuentra bajo el nivel del mar, protegido por un sistema de diques que los holandeses llevan siglos construyendo y manteniendo. La consecuencia es una red de canales, zanjas y zonas inundables de miles de kilómetros que en invierno, cuando las temperaturas bajan de cero durante semanas, se helan completamente.
Esta infraestructura acuática, construida por razones de gestión del agua y de comunicaciones, se convertía en invierno en una red de autopistas de hielo que conectaba ciudades, aldeas y granjas a lo largo de toda Holanda y Frisia.
El patinaje como necesidad
En los siglos XIV, XV y XVI, cuando los inviernos europeos eran en media más fríos que los actuales (el período conocido como «Pequeña Edad de Hielo» produjo inviernos especialmente rigurosos en los siglos XVI-XVIII), los canales de Holanda y Frisia se helaban con regularidad. El patinaje no era un deporte sino un medio de transporte: los campesinos llevaban mercancías al mercado patinando, los médicos visitaban a sus pacientes sobre el hielo, los comerciantes viajaban de ciudad en ciudad por los canales.
Esta necesidad práctica generó un dominio técnico que se transmitió de padres a hijos durante generaciones. Los niños holandeses y frisones aprendían a patinar antes de aprender a montar en caballo, y la técnica se perfeccionaba de forma natural a través de miles de kilómetros de práctica.
El Elfstedentocht: la carrera de las once ciudades
La expresión más grandiosa de esta cultura patinadora es el Elfstedentocht («carrera de las once ciudades»), una prueba de aproximadamente 200 kilómetros que recorre los canales que unen once ciudades de la provincia de Frisia: Leeuwarden, Sneek, IJlst, Sloten, Stavoren, Hindeloopen, Workum, Bolsward, Harlingen, Franeker y Dokkum.
La primera edición formal se disputó en 1909, aunque la tradición de recorrer este circuito es mucho más antigua. La prueba solo puede celebrarse cuando el hielo de todos los canales del recorrido tiene al menos 15 cm de grosor, una condición que en el clima actual se da muy raramente. Las ediciones del Elfstedentocht han sido:
1909, 1912, 1917, 1929, 1933, 1940, 1941, 1942, 1947, 1954, 1956, 1963, 1985, 1986 y 1997 (la última hasta la fecha).
Cuando se anuncia que las condiciones permitirán celebrar el Elfstedentocht, los Países Bajos se paralizan. Los medios de comunicación comienzan a transmitir en directo, millones de holandeses salen a los canales a animar y el evento se convierte en una celebración nacional sin precedentes.
El cambio climático y el futuro
El calentamiento global ha reducido dramáticamente la frecuencia de los inviernos suficientemente fríos para helar los canales. Desde 1997, no ha habido ningún año con condiciones adecuadas para el Elfstedentocht, y los climatólogos estiman que en las próximas décadas la probabilidad de que esto vuelva a ocurrir disminuirá aún más.
Esta realidad climática ha convertido al Elfstedentocht en un símbolo de lo que se está perdiendo, y ha dado al patinaje holandés una dimensión casi melancólica: un deporte nacido en los canales que hoy solo puede practicarse en sus expresiones máximas dentro de pistas cubiertas de alta tecnología.