Hay competiciones deportivas y hay fenómenos culturales. El Elfstedentocht es ambas cosas a la vez, y ninguna otra carrera del mundo combina tan perfectamente el deporte extremo, la historia, la geografía y la identidad nacional de un pueblo. Para los holandeses, el Elfstedentocht no es simplemente una carrera; es una prueba de quiénes son como nación.
El recorrido: 200 km por once ciudades
El Elfstedentocht («Carrera de las Once Ciudades» en neerlandés) es una prueba de patinaje sobre hielo que recorre los canales naturales de la provincia de Frisia, en el norte de los Países Bajos. El punto de salida y llegada es Leeuwarden, la capital de Frisia, y el recorrido pasa por otras diez ciudades históricas:
Sneek → IJlst → Sloten → Stavoren → Hindeloopen → Workum → Bolsward → Harlingen → Franeker → Dokkum → Leeuwarden
La distancia total es de aproximadamente 200 kilómetros, todo sobre canales, lagos y ríos helados de forma natural. No hay pista artificial; el hielo es el que proporciona el invierno.
La condición imposible: el hielo de 15 cm
El Elfstedentocht solo puede celebrarse cuando el hielo tiene un grosor mínimo de 15 centímetros en todo el recorrido. No es una regla arbitraria: por debajo de ese grosor, el hielo no puede soportar el peso de los miles de patinadores y espectadores que acceden al recorrido.
Esta condición hace del Elfstedentocht uno de los eventos deportivos más irregulares del mundo. Desde la primera edición oficial en 1909, la carrera solo se ha celebrado 15 veces en más de 100 años:
1909, 1912, 1917, 1929, 1933, 1940, 1941, 1942, 1947, 1954, 1956, 1963, 1985, 1986 y 1997.
En algunos años la espera ha sido de décadas. Entre 1963 y 1985, los holandeses esperaron 22 años para ver la próxima edición.
Cuando llega el anuncio
Cuando las condiciones meteorológicas apuntan a que el hielo podría alcanzar el grosor necesario, los medios de comunicación holandeses entran en un estado de efervescencia. Los canales de televisión comienzan a mostrar imágenes del hielo siendo medido en distintos puntos del recorrido. Las redes sociales explotan con el hashtag #elfstedentocht. Los holandeses comprueban si su equipo de patinaje sigue en buen estado.
Si el «Elfstedencomité» (comité organizador) anuncia que la carrera se celebrará, los Países Bajos prácticamente se paralizan. El primer ministro ha cancelado compromisos internacionales para presenciar el evento. Los patinadores inscritos (hasta 16.000) tienen que presentarse a las 5 de la madrugada en Leeuwarden para salir en los primeros grupos.
La carrera: un espectáculo popular único
El Elfstedentocht no es solo para la élite. Existe una distinción entre los «rijders» (corredores) que compiten por la victoria y los «schaatsers» (patinadores) que participan simplemente para completar el recorrido. Los primeros compiten ferozmente por ser los más rápidos; los segundos, a veces decenas de miles, patina durante horas y horas para llegar a la meta sin importar el tiempo.
Los espectadores se concentran en miles a lo largo de los canales, en los puentes, en las orillas, con banderas, bebidas calientes y el apoyo ruidoso que solo los holandeses saben dar a una prueba sobre el hielo.
El cambio climático y el futuro
La última edición del Elfstedentocht fue en 1997. Desde entonces, casi tres décadas de inviernos más suaves por el cambio climático han impedido que el hielo alcance el grosor necesario. Los climatólogos estiman que la frecuencia de inviernos suficientemente fríos seguirá disminuyendo, y algunos predicen que en las próximas décadas el Elfstedentocht podría no volver a celebrarse nunca más.
Esta perspectiva ha añadido una dimensión casi elegíaca al evento: cada invierno frío que llega a Holanda se convierte en una esperanza de que quizás este sea el año en que los canales vuelvan a helarse lo suficiente para que la carrera más legendaria del mundo regrese.