Imagina que eres un deportista olímpico que ha entrenado durante cuatro años para llegar a los Juegos. En el momento más importante de tu carrera, una de las cinco pruebas que componen tu deporte depende del comportamiento de un animal que nunca has visto antes y con el que solo llevas 20 minutos de contacto. Eso era el pentatlón moderno.
Una regla sin equivalente en el deporte olímpico
La regla del sorteo del caballo y los 20 minutos de familiarización era absolutamente única en el deporte olímpico. Ningún otro atleta olímpico competía con un equipo o un instrumento que no fuera el suyo. Los remeros usan sus propios remos, los gimnastas conocen hasta el último centímetro de los aparatos, los ciclistas ajustan sus bicicletas hasta la obsesión. Los pentatletas de la modalidad clásica enfrentaban la prueba ecuestre con un animal que para ellos era un completo desconocido.
Esta regla era uno de los aspectos más debatidos del pentatlón moderno, incluso antes del incidente de Tokio 2020. Sus defensores argumentaban que era precisamente lo que hacía al pentatlón el test definitivo del atleta completo: quien puede adaptarse a un caballo desconocido y completar un recorrido de saltos es verdaderamente un jinete de primer nivel, no alguien que ha memorizado los caprichos de su propio animal. Sus críticos argumentaban que introducía demasiado azar en una competición olímpica y que ponía en juego el bienestar de los animales.
Los 20 minutos: una ciencia en sí misma
Para los pentatletas de alto nivel, esos 20 minutos de familiarización se convirtieron en una disciplina dentro de la disciplina. Los entrenadores desarrollaban protocolos específicos para sacar el máximo partido posible a ese tiempo limitado:
Los primeros minutos: contacto tranquilo con el animal, dejando que el caballo huela y reconozca al jinete. Los caballos son animales de presa muy sensibles al lenguaje corporal humano; un jinete nervioso transmite su ansiedad al animal y complica la relación desde el principio.
La fase de movimiento: trote y galope para evaluar la respuesta del caballo a las riendas y a la presión de las piernas. ¿Es el animal sensible o necesita más ayuda? ¿Tiende a acelerarse o a frenarse en el galope? ¿Cómo equilibra el ritmo antes de los obstáculos?
Los saltos de prueba: algunos de los obstáculos del recorrido podían saltarse durante la familiarización. Los atletas elegían los más representativos para calibrar la forma en que el caballo afrontaba los saltos: potencia, técnica, disposición.
El ajuste final: últimos minutos para ajustar el equipo, repasar mentalmente el recorrido y calmar tanto al animal como al propio jinete antes del inicio oficial.
Los factores fuera del control del atleta
Por mucho que un pentatleta perfeccionara su protocolo de familiarización, había factores completamente fuera de su control que podían arruinar la prueba. Los caballos son animales sensibles que pueden comportarse de forma muy diferente según el día, el ambiente del estadio, el nivel de ruido del público o simplemente su estado de ánimo. Un caballo que había funcionado perfectamente con los jinetes anteriores podía bloquearse con el siguiente.
Esta imprevisibilidad era exactamente la que defendían los puristas del pentatlón como la esencia del deporte: la vida real, argumentaban, tampoco garantiza las condiciones perfectas. El oficial de caballería de la leyenda tampoco podía elegir su caballo. Pero en un contexto olímpico donde el trabajo de cuatro años se juega en un solo día, esa imprevisibilidad terminó siendo considerada inaceptable, especialmente tras las imágenes de Tokio 2020.