Hay animales que pasan a la historia del deporte sin quererlo. Saint Boy, un caballo de salto asignado por sorteo a la alemana Annika Schleu en la final femenina de pentatlón moderno de Tokio 2020, es uno de esos involuntarios protagonistas. Su comportamiento aquel 6 de agosto de 2021 desencadenó una reacción en cadena que terminó por eliminar a los caballos del pentatlón olímpico para siempre.
El momento
Annika Schleu llegó a la prueba de equitación liderando la competición con un margen considerable. Su actuación en esgrima y natación había sido excelente, y necesitaba un recorrido ecuestre razonablemente limpio para asegurar la medalla de oro olímpica. El sorteo le asignó a Saint Boy.
Desde el primer intento, Saint Boy mostró que ese no sería su día. El caballo frenó bruscamente frente a los obstáculos una y otra vez, negándose a saltar. Schleu, que había tenido los 20 minutos de familiarización sin señales claras de problemas, se encontró atrapada en una situación que ningún entrenamiento puede preparar del todo: un caballo que simplemente no quiere cooperar.
Las imágenes fueron desgarradoras. Schleu, en lágrimas sobre el caballo inmóvil, intentando desesperadamente que el animal obedeciera. La tribuna de entrenadores, donde su entrenadora Kim Raisner gesticula y finalmente, en un momento captado por las cámaras, golpea al caballo con el puño. Los jueces expulsando a Raisner de la zona. Y la atleta que hubiera sido campeona olímpica abandonando el recorrido sin haber completado el número mínimo de saltos.
La reacción global
Las imágenes dieron la vuelta al mundo en horas. En redes sociales, el debate se polarizó: por un lado, la empatía con Schleu, una atleta que perdió su medalla olímpica por un factor completamente ajeno a su control. Por otro, la indignación por el comportamiento de Raisner hacia el animal y las preguntas sobre el bienestar de los caballos en una competición donde los animales son asignados por sorteo a jinetes desconocidos sin la relación de confianza que normalmente se construye entre un jinete y su caballo.
Las organizaciones de protección animal elevaron la presión sobre la UIPM. Muchos aficionados y atletas cuestionaron abiertamente si era justo que el destino de una medalla olímpica dependiera del comportamiento de un animal al que el atleta nunca había visto antes de ese día.
La decisión de la UIPM
En noviembre de 2021, la UIPM anunció que buscaría una alternativa a la equitación. El proceso de consulta y la decisión final de adoptar la carrera de obstáculos como nueva disciplina tardaron menos de dos años. Para los Juegos de París 2024, los caballos ya no formaban parte del pentatlón olímpico.
Saint Boy no fue el único caballo problemático de la historia del pentatlón moderno, pero sí fue el que provocó el momento límite. Su negativa a saltar en Tokio, retransmitida en directo a millones de personas, fue la gota que desbordó el debate que llevaba décadas siendo incómodo dentro del deporte: ¿es justo hacer depender el rendimiento de un atleta del comportamiento de un animal al que solo conoce desde hace veinte minutos?
El legado
El nombre de Saint Boy quedará unido para siempre a la historia del pentatlón moderno, no por ninguna proeza atlética del animal, sino por haber sido el catalizador involuntario de la transformación más grande del deporte en más de un siglo. Un caballo que no quiso saltar acabó por eliminar a todos los caballos del pentatlón olímpico.