Hay deportes que nacen de una necesidad. La petanca nació de una limitación física y de la amistad. Su historia de origen, transmitida de generación en generación en los bares y plazas del sur de Francia, es una de las más humanas del deporte mundial.
El sur de Francia y el jeu provençal
Para entender la petanca hay que entender primero su predecesor: el jeu provençal (juego provenzal), también conocido como boules lyonnaises en su variante lionesa. Este juego de bolos metálicos era ampliamente practicado en el sur de Francia desde el siglo XIX. En el jeu provençal, el jugador se coloca en un área de lanzamiento y, antes de soltar la bola, da tres pasos de carrera para añadir impulso y precisión.
El jeu provençal era el deporte popular de Provenza por excelencia: se jugaba en plazas de pueblos, en caminos de tierra, frente a cafés y en terrenos pedregosos junto al Mediterráneo. Era el deporte del verano, de las sobremesas largas, del pastis frío y de las conversaciones interminables.
La Ciotat, 1907: el momento fundacional
La historia de la petanca se sitúa en La Ciotat, una localidad portuaria provenzal a orillas del Mediterráneo, famosa también por ser el lugar donde los hermanos Lumière rodaron una de las primeras películas de la historia. En 1907, la ciudad era un centro activo de jugadores de jeu provençal.
Jules Lenoir era uno de los mejores jugadores de jeu provençal de la región. Sin embargo, padecía un severo reumatismo que le impedía dar los pasos de carrera requeridos por el juego tradicional. Su amigo y rival habitual, Ernest Pitiot, no quería dejar de jugar con él. La solución que encontraron fue sencilla pero revolucionaria: eliminar los pasos de carrera y hacer que el jugador lanzara desde un círculo dibujado en el suelo, con ambos pies juntos.
Esa variación aparentemente menor cambió todo. Al eliminar la carrera, la distancia al cochonnet se redujo (de 12-20 metros en el jeu provençal a 6-10 metros en la petanca), el lanzamiento se hizo más controlado y preciso, y el juego resultante era más accesible para personas de cualquier condición física.
El nombre: pès tancats
El nuevo juego se popularizó con rapidez entre los jugadores de La Ciotat y los pueblos vecinos. El nombre con el que comenzó a conocerse viene del provenzal: pès tancats significa «pies cerrados» o «pies juntos». Con el tiempo, la pronunciación derivó en «petanca», y esa fue la palabra que cruzó fronteras y dio nombre al deporte en decenas de idiomas.
La etimología es perfecta: la petanca es literalmente «el juego de los pies juntos», y esa postura del jugador —firme en el círculo, sin dar pasos— sigue siendo hoy su seña de identidad más visible.
La expansión desde Provenza
En las décadas siguientes, la petanca se extendió por toda Provenza con una velocidad notable. Era más fácil de jugar que el jeu provençal (no requería la técnica de la carrera), más accesible para personas mayores y con movilidad reducida, y se podía practicar en espacios más pequeños.
Los inmigrantes italianos y españoles que llegaron al sur de Francia en la primera mitad del siglo XX llevaron la petanca de vuelta a sus países de origen. En España, la petanca echó raíces profundas especialmente en Cataluña, la Comunitat Valenciana y las Illes Balears, regiones con vínculos históricos y culturales estrechos con la Provenza francesa.
La primera federación y la codificación del reglamento
El crecimiento del juego llevó a la creación de estructuras organizativas. En 1945 se fundó la Fédération Française de Pétanque et Jeu Provençal (FFPJP), que codificó las reglas del juego tal como se conocen hoy: el círculo de 50 cm, las distancias al cochonnet, el peso y diámetro de las bolas, el sistema de puntuación a 13. Este reglamento fue la base sobre la que luego se construiría el estándar internacional.
La FFPJP organizó los primeros Campeonatos de Francia oficiales y sentó las bases para que la petanca saliera de Provenza y se convirtiera en un fenómeno global. Jules Lenoir, quien murió sin ver la magnitud de lo que había contribuido a crear, quedaría para siempre en la historia como el hombre que jugó con los pies juntos y cambió el deporte.