Hay pocos fenómenos en el deporte tan sorprendentes como el dominio asiático en la petanca. Un juego nacido en Provenza, inventado para las plazas del sur de Francia, para las tardes de pastis y la sociabilidad mediterránea, es hoy dominado en las más altas competiciones del mundo por países del Sudeste Asiático. Entender cómo ocurrió esto es entender tanto la naturaleza universal de la petanca como la capacidad de algunos países de convertir cualquier deporte en una prioridad nacional.
Las raíces históricas: Indochina francesa
La petanca llegó al Sudeste Asiático a través de la colonización francesa de Indochina, que cubrió los territorios de los actuales Vietnam, Laos y Camboya. Los funcionarios coloniales, los militares y los colonos franceses llevaron consigo su cultura y sus costumbres, y la petanca era una de las más arraigadas.
En las ciudades de Hanói, Saigón (Ho Chi Minh), Vientiane y Phnom Penh, las plazas públicas y los jardines coloniales acogieron partidas de petanca que pronto atrajeron a jugadores locales. El juego era accesible, barato y social: no necesitaba más que espacio y unas bolas. Las poblaciones locales lo adoptaron con facilidad y rapidez.
Tailandia, aunque nunca fue colonia francesa, es fronteriza con Laos y Vietnam y tuvo contacto constante con la cultura petanquista de sus vecinos indochinos. Cuando la petanca comenzó a expandirse en la región, Tailandia fue terreno fértil.
El salto a la competición internacional
Durante las décadas de 1970 y 1980, los equipos asiáticos empezaron a aparecer regularmente en los Campeonatos del Mundo organizados por la FIPJP. Al principio, los europeos no los tomaron demasiado en serio: eran países del tercer mundo en términos futbolísticos, y en petanca se daba por sentado que los mejores jugadores eran los franceses.
Esa percepción empezó a cambiar cuando los equipos de Laos, Tailandia y Vietnam comenzaron a llegar a las rondas finales y a ganar medallas. Y se transformó radicalmente cuando empezaron a ganar títulos mundiales.
El sistema tailandés: la máquina de campeones
El secreto del dominio tailandés no es misterioso: es trabajo sistemático, inversión y cultura. La Federación Tailandesa de Petanca construyó desde los años 90 una estructura de formación que incluye:
- Academias de petanca que detectan talentos desde niños.
- Programa nacional de selección con competiciones escalonadas desde el nivel provincial hasta la selección nacional.
- Participación regular en todos los torneos internacionales, incluidos los campeonatos continentales asiáticos.
- Apoyo gubernamental al deporte, con la petanca reconocida como deporte nacional de competición prioritaria.
Los jugadores tailandeses entrenan la petanca con la misma seriedad con que otros países entrenan el fútbol o el balonmano. La especialización técnica es extrema: los mejores pointeurs y tireurs del mundo son, hoy por hoy, en gran medida tailandeses.
Laos: el otro gigante
Laos es quizás el caso más sorprendente del dominio asiático. Es un país pequeño, con menos de 8 millones de habitantes, pero con una cultura de la petanca extraordinariamente profunda. La petanca llegó a través de la Indochina francesa y se convirtió en parte del tejido social del país.
En Laos, la petanca se juega en prácticamente todas las ciudades y pueblos, y la federación nacional ha producido jugadores de nivel mundial de forma consistente durante décadas. Los equipos laosianos han ganado múltiples títulos en el Campeonato del Mundo y los Juegos del Sudeste Asiático, donde la petanca es siempre una de las disciplinas más disputadas.
China y el potencial del gigante
China llegó más tarde a la petanca de élite que sus vecinos del Sudeste Asiático, pero su entrada ha sacudido el panorama mundial. La Federación China de Petanca ha invertido recursos considerables en el desarrollo del deporte, y los resultados empiezan a llegar.
Los equipos chinos han ganado títulos en varias ediciones de los Juegos Mundiales de Petanca y en campeonatos continentales asiáticos. Con la población más grande del mundo y una cultura de inversión deportiva sin igual, China tiene el potencial de convertirse en la próxima superpotencia de la petanca global.
El impacto en Europa: una rivalidad nueva
El ascenso asiático ha transformado la dinámica del Campeonato del Mundo. Francia, que dominó el torneo durante sus primeras décadas, ha tenido que adaptarse a rivales que juegan con una técnica y una intensidad competitiva de primer nivel mundial. Las finales entre equipos europeos y asiáticos son ahora el escenario habitual, y los europeos ya no pueden dar por sentada su supremacía.
Esta rivalidad ha sido, en definitiva, buena para la petanca: ha elevado el nivel global del deporte y ha demostrado que el juego nacido en Provenza pertenece al mundo entero.