Hay rallies duros. Hay rallies exigentes. Y hay el Safari Rally de Kenia, que desde que se incorporó al Campeonato del Mundo en 1973 ha sido considerado consistentemente el más brutal, el más imprevisible y el más despiadado con los coches y los pilotos del calendario. No se gana el Safari por ser el más rápido: se gana por ser el que llega. Y llegar no es fácil.
El entorno: la tierra roja africana
Los tramos del Rally Safari discurren por las pistas de tierra roja del interior de Kenia, un territorio que presenta condiciones completamente diferentes a las de cualquier otra prueba del calendario WRC. La superficie es una mezcla de tierra suelta, piedra volcánica y barro seco que cambia de consistencia a lo largo del día con la temperatura y la humedad, y que es extraordinariamente abrasiva para los componentes mecánicos de los coches.
El polvo es uno de los elementos más difíciles de gestionar. En los tramos más secos, la tierra levantada por los coches que pasan puede crear una nube opaca que reduce la visibilidad a cero en cuestión de metros. Los filtros de aire de los motores tienen que soportar una cantidad de partículas suspendidas sin precedentes, y los equipos trabajan intensamente entre tramos para mantener los sistemas de filtración en condiciones.
La fiabilidad como factor competitivo
En el Rally Safari, la velocidad es secundaria. No porque los pilotos no conduzcan rápido —lo hacen, a velocidades que en cualquier otro entorno serían extraordinarias— sino porque de nada sirve la velocidad si el coche no llega a meta. Y los coches, en el Safari, sufren como en ninguna otra prueba.
Las piedras ocultas bajo la superficie pueden romper suspensiones, pinchar neumáticos o dañar los bajos del coche sin previo aviso. El calor extremo sobrecalienta los motores y las transmisiones. Las sacudidas continuas sobre superficies irregulares fatigan los materiales y aflojan tornillos y conexiones. Los equipos que han vencido en el Safari son aquellos que han podido equilibrar la velocidad con una gestión impecable del coche.
Carlos Sainz, que ganó el Safari varias veces, era conocido por su capacidad de adaptar el ritmo de conducción para proteger el coche en los momentos más agresivos, sin perder tiempo competitivo. Esa inteligencia al volante es tan importante en el Safari como en cualquier otra prueba del calendario.
Los animales: una particularidad única
El Safari Rally es el único rally del mundo donde los pilotos pueden encontrarse con jirafas, elefantes o cebras en medio de un tramo cronometrado. No es una exageración: los tramos discurren por zonas de Kenia con abundante fauna salvaje, y la organización trabaja con las autoridades del parque nacional para minimizar el riesgo. Pero los animales no siguen calendarios.
A lo largo de la historia del rally, ha habido incidentes con fauna: coches que han frenado bruscamente ante animales en la pista, impactos menores con antílopes que cruzaban en el momento menos oportuno. Los pilotos y los copilotos son conscientes de este riesgo y ajustan su velocidad en los tramos donde el avistamiento de animales es más probable. Es uno de los elementos que hacen del Safari una experiencia radicalmente diferente a cualquier otro rally del mundo.
El regreso de 2021 y el Safari moderno
Tras una ausencia de casi veinte años del calendario WRC —el último Safari clásico fue en 2002—, la prueba regresó en 2021 en un formato modernizado que respeta la tradición pero incorpora las exigencias de seguridad del WRC contemporáneo. El regreso fue recibido con enorme entusiasmo por los aficionados al rally, que veían en el Safari uno de los vínculos más fuertes con la historia épica del campeonato.
En sus primeras ediciones de regreso, el Safari demostró que no había perdido nada de su dureza. Las tasas de abandono por problemas mecánicos siguen siendo de las más altas del calendario, y los resultados son frecuentemente imprevisibles hasta el último kilómetro. El más duro de los rallies sigue siendo el más duro.