La historia del raquetbol en Latinoamérica es un ejemplo fascinante de cómo un deporte puede adoptarse, adaptarse y llegar a superar al original en popularidad en una región geográfica. Mientras que en EE.UU. el raquetbol compite con el squash, el tenis y otros deportes de raqueta, en México y varios países de Centroamérica y Sudamérica el raquetbol ocupa una posición dominante que ningún otro deporte de raqueta puede disputarle.
El raquetbol llegó a México a principios de los años 70, impulsado principalmente por la cercanía geográfica y cultural con EE.UU. y por los mexicanos que habían vivido o estudiado en el norte y habían descubierto el deporte allí. Los primeros clubes de raquetbol mexicanos se establecieron en ciudades fronterizas como Tijuana, Ciudad Juárez y Monterrey, antes de extenderse hacia el centro del país.
El boom de los años 80 en México
La expansión realmente explosiva del raquetbol en México se produjo en la década de los 80. La construcción de pistas de raquetbol en clubes privados de las clases medias y altas urbanas —especialmente en Ciudad de México, Guadalajara, Monterrey y otras grandes ciudades— creó la infraestructura necesaria para que el deporte creciera. En ese período, el raquetbol se convirtió en el deporte de moda entre los profesionales urbanos, con connotaciones de modernidad y dinamismo que lo diferenciaban de deportes más tradicionales.
La Federación Mexicana de Raquetbol
La Federación Mexicana de Raquetbol (FMRQ) se fundó en los años 70 y se convirtió en uno de los pilares del desarrollo del deporte en la región. México comenzó a participar en competiciones internacionales con gran éxito desde los años 80, y pronto se convirtió en la potencia dominante del raquetbol mundial, especialmente en la categoría femenina.
El raquetbol en los Juegos Panamericanos y el impulso centroamericano
La inclusión del raquetbol en los Juegos Panamericanos fue decisiva para su popularización en toda Latinoamérica. Una vez que el deporte tenía representación en los Juegos, los países comenzaron a invertir en infraestructura y entrenamiento. Guatemala, Bolivia, Costa Rica y Venezuela desarrollaron programas nacionales que elevaron el nivel competitivo de la región y contribuyeron al crecimiento del número de practicantes. El raquetbol pasó de ser un hobby urbano a ser un deporte federado con aspiraciones olímpicas.