La historia del raquetbol en España es la historia de un deporte que nunca terminó de despegar en un país donde el pádel y el squash se consolidaron antes y con mucha mayor fuerza. Sin embargo, el raquetbol tiene una presencia discreta pero real en España, con practicantes apasionados que mantienen viva la llama del deporte y lo difunden entre nuevos jugadores.
El raquetbol llegó a España principalmente a través de dos vías. Por un lado, españoles que habían vivido o trabajado en México o EE.UU. trajeron el deporte al volver. Por otro, algunos clubes deportivos de las grandes ciudades que ya tenían pistas de squash comenzaron a ofrecer raquetbol como actividad complementaria, aprovechando las similitudes entre ambas pistas. A diferencia de lo que ocurrió en México, donde el raquetbol encontró un terreno libre de competencia, en España topó desde el principio con el squash bien establecido y, más tarde, con el explosivo crecimiento del pádel.
Los primeros clubs y la comunidad española de raquetbol
En Madrid y Barcelona surgieron los primeros clubes de raquetbol en los años 80 y 90. Estas comunidades de practicantes se organizaron y participaron en torneos nacionales y en algunos internacionales europeos. El nivel técnico de los jugadores españoles fue creciendo, aunque sin el respaldo institucional y mediático que tiene el deporte en América.
La relación con el squash y el pádel
La principal dificultad del raquetbol en España ha sido siempre la competencia de deportes similares con mayor implantación. Las pistas de raquetbol requieren las mismas instalaciones que las de squash, pero el squash llegó antes y tiene más infraestructura. El pádel, por su parte, es el fenómeno deportivo más importante en España en los últimos veinte años y ha absorbido la demanda de deportes de raqueta en espacios cerrados.
Perspectivas actuales
Hoy el raquetbol en España sigue siendo un deporte de nicho, practicado principalmente por aficionados con vínculos con América Latina y por jugadores que buscan una alternativa al squash. Los campeonatos nacionales tienen una participación modesta pero constante, y existen contactos regulares con la comunidad latinoamericana que permiten a los mejores jugadores españoles medirse con rivales de mayor nivel.