La historia del raquetbol comienza con un hombre y una idea aparentemente simple: adaptar la pista de balonmano (handball) para jugar con raqueta. En 1950, Joseph Sobek, un empleado de la fábrica Goodyear en Greenwich, Connecticut, llevaba años jugando al squash y al tenis de mesa en el YMCA local. A Sobek le gustaba el squash pero le frustraba la complejidad de sus reglas y la dificultad técnica que tenía el deporte para los principiantes. Quería algo más directo, más explosivo y más accesible.
La solución fue elegante: tomar las pistas de balonmano —que ya eran comunes en clubes, YMCAs y escuelas de EE.UU.— y crear un nuevo deporte para ellas. Sobek diseñó una raqueta de mango corto con cuerdas (similar en concepto a una raqueta de tenis pero más pequeña) y usó una pelota de goma maciza, más grande que la del squash. Las reglas que estableció eran simples: la pelota debe tocar la pared frontal antes de dos botes, se puede usar cualquier superficie de la pista, y el saque debe pasar la línea media.
La primera asociación y la difusión inicial
Sobek fundó en 1952 la International Paddle Rackets Association (con el nombre inicial del deporte «paddle rackets»), que más tarde se convertiría en la base de la organización del raquetbol. La difusión inicial fue rápida porque aprovechó las infraestructuras ya existentes: no hacía falta construir nuevas pistas, bastaba con usar las de balonmano que ya había en los YMCA de todo el país. A finales de los años 50, decenas de miles de personas ya practicaban el deporte.
El nombre «racquetball»
El deporte recibió el nombre definitivo de «racquetball» a principios de los años 60, cuando Robert Kendler fundó la United States Racquetball Association (USRA) en 1968, año que marca la institucionalización del deporte. La primera versión oficial de las reglas se publicó ese mismo año, codificando lo que Sobek había creado casi dos décadas antes.
El legado de Sobek
Joseph Sobek murió en 1998, después de haber visto crecer su invención desde un juego informal en un YMCA hasta un deporte con millones de practicantes en todo el mundo, federaciones nacionales en decenas de países y presencia en los Juegos Panamericanos. Su contribución al deporte mundial es notable por su sencillez y su practicidad: no inventó un deporte para estadios ni para atletas de élite, sino para que cualquier persona pudiera jugar en la pista de balonmano más cercana.