Cada primavera, una vez al año, millones de personas en todo el mundo siguen por televisión cómo dos botes de madera avanzan durante diecisiete minutos por el río Támesis en Londres. No hay premios en metálico. No hay profesionales. Solo el honor de una universidad y casi dos siglos de rivalidad. La regata Oxford-Cambridge, conocida simplemente como The Boat Race, es uno de los eventos deportivos más singulares del planeta.
El origen: una apuesta entre amigos
Todo comenzó con una carta. En 1829, Charles Merivale, estudiante de Cambridge, escribió a su amigo Charles Wordsworth, que estudiaba en Oxford, proponiéndole una regata. Wordsworth aceptó. El 10 de junio de ese año, en Henley-on-Thames, se disputó la primera edición.
Ganó Oxford. La multitud que se reunió a ver el evento fue tan numerosa que los organizadores quedaron sorprendidos. Quedó claro que la rivalidad entre las dos universidades más antiguas de Inglaterra era un espectáculo que la gente quería presenciar. La regata se convirtió en un evento anual.
Durante casi dos siglos ha fallado pocas veces. Las guerras mundiales fueron los únicos parones prolongados. En 2020, la pandemia obligó a celebrarla sin público y en una fecha diferente. En 2021 se disputó también en condiciones atípicas. Pero siempre se ha celebrado.
Las anécdotas más insólitas
En 1912, ambos botes se hundieron durante la carrera. El Támesis estaba especialmente agitado ese día y las olas superaron las bordas de las embarcaciones. Hubo que repetir la regata al día siguiente. Oxford ganó en la repetición.
En 1877, la regata terminó en empate, el único de toda la historia. El árbitro, un hombre llamado “Honest John” Phelps, fue incapaz de determinar al ganador. Cuando le preguntaron cómo era posible que no hubiera visto el final, respondió que había estado mirando al lado equivocado. El empate fue declarado oficial y sigue siendo el único de la historia de la regata.
En 2012, la carrera fue interrumpida por un activista australiano, Trenton Oldfield, que se metió en el agua entre los dos botes protestando contra el elitismo. Los árbitros detuvieron la regata, retiraron al intruso y la relanzaron desde el mismo punto. Cambridge ganó finalmente.
Los remeros: estudiantes de todo el mundo
Un dato que sorprende a muchos es que los remeros de Oxford y Cambridge no tienen que ser necesariamente británicos. Las universidades aceptan estudiantes de todo el mundo, y sus equipos de remo son internacionales. En los últimos años han competido remeros de Australia, Estados Unidos, Alemania, Nueva Zelanda y múltiples países europeos.
Lo que sí deben ser es estudiantes activos en la universidad durante el año académico en el que compiten. Esto ha llevado a situaciones curiosas: algunos remeros de élite han comenzado programas de máster en Oxford o Cambridge específicamente para poder participar en la regata. Las universidades no ponen trabas: si cumples los requisitos académicos, puedes competir.
El público: dos millones a orillas del Támesis
En los años previos a la pandemia, más de 250.000 personas se congregaban a las orillas del Támesis para ver la regata en directo, y alrededor de 2 millones la seguían por televisión en el Reino Unido. Era uno de los eventos deportivos con mayor audiencia del año en la televisión británica, comparable a las finales de algunos campeonatos profesionales.
La razón de esa fascinación es difícil de explicar a quien no la siente: algo en la pureza del esfuerzo, la ausencia de dinero, la antigüedad de la tradición y la intensidad de la rivalidad crea una emoción que los deportes profesionales a veces no logran replicar.