El remo olímpico es uno de los deportes más exigentes del programa olímpico, pero también uno de los menos conocidos por el gran público. Detrás de su aparente monotonía visual se esconde un esfuerzo fisiológico extremo, récords que llevan décadas en pie y datos físicos que ponen en contexto por qué los remeros son considerados algunos de los atletas más completos del mundo.
El esfuerzo más completo del deporte olímpico
Fisiólogos del deporte llevan décadas estudiando el remo y hay un consenso: es el deporte que recluta mayor porcentaje de masa muscular en una sola disciplina olímpica. Un remero activa entre el 85% y el 90% de la musculatura total del cuerpo en cada palada.
El movimiento completo empieza con el empuje de piernas, continúa con la apertura de caderas y termina con el tirón de brazos. Son tres fases que deben coordinarse en menos de un segundo y repetirse entre 36 y 42 veces por minuto durante toda la carrera. En una final de 6 minutos, cada remero completa más de 200 paladas completas.
El consumo de oxígeno máximo (VO2max) de los mejores remeros olímpicos se sitúa entre los valores más altos jamás medidos en ningún deporte: algunos especialistas de banco individual han registrado cifras superiores a los 8 litros por minuto, superando incluso a ciclistas de Tour de France y fondistas de élite.
Récords que resisten el tiempo
Uno de los datos más sorprendentes del remo olímpico es la longevidad de algunos récords mundiales. La categoría del ocho con timonel masculino, la prueba insignia del remo olímpico, estableció su récord mundial en los Juegos de Sídney 2000 con la embarcación alemana. Ese tiempo resistió durante más de una década.
Los récords en remo son especialmente sensibles a las condiciones del agua y el viento, lo que hace que sean difíciles de comparar entre ediciones. Cuando se rompen, suelen hacerlo en condiciones meteorológicas perfectas que alinean corriente a favor, temperatura ideal y viento en popa.
Las pulsaciones que nadie querría tener
Durante una final olímpica de remo, la frecuencia cardíaca de los atletas alcanza y mantiene valores cercanos a su máximo absoluto durante casi toda la carrera. Es habitual que los remeros mantengan más de 190 pulsaciones por minuto durante 5-6 minutos seguidos.
Al finalizar la prueba, muchos remeros colapsan literalmente sobre sus remos. Las imágenes de atletas inconscientes o incapaces de moverse al cruzar la meta son habituales en las finales olímpicas de remo. No es exageración: el esfuerzo lleva el cuerpo al límite de lo que puede soportar.
El caso de los gemelos en el remo
Una rareza estadística del remo olímpico es la sobrerepresentación de gemelos idénticos en equipos de alto rendimiento. Los entrenadores valoran tanto la sincronía que algunos programas de formación buscan activamente hermanos gemelos para las categorías de banco doble o cuádruple. Los gemelos tienen naturalmente tendencia a moverse de forma idéntica, lo que reduce el tiempo de entrenamiento necesario para alcanzar la coordinación perfecta.
En los Juegos de Pekín 2008 y Londres 2012 compitieron varias duplas de gemelos idénticos de distintas nacionalidades. El ejemplo más célebre es el de los hermanos Hamish y Alistair Brownlee, aunque ellos son triatletas, no remeros. En el mundo del remo, los gemelos son casi un recurso táctico.