El escocés que llevó el sevens a Asia
La historia del Hong Kong Sevens comienza con un escocés llamado Ian Gow. Gow era un hombre de negocios que se había trasladado a Hong Kong y que, como buen escocés de las Borders, cargaba con el amor al rugby a 7 en el ADN. En los años 70, el sevens era todavía un deporte principalmente regional en las Islas Británicas: los grandes torneos eran los de las Scottish Borders, y la modalidad apenas tenía presencia internacional.
Gow tuvo la visión de crear en Hong Kong un torneo de sevens que atrajera equipos de todo el mundo. Hong Kong, con su posición geográfica central en Asia, su mezcla cultural única y su tradición colonial británica que incluía el rugby, era el lugar perfecto para convertir una tradición escocesa local en un evento global.
El primer Hong Kong Sevens se celebró en 1976 con una participación limitada pero con éxito suficiente para garantizar su continuidad. En los años siguientes, el torneo fue creciendo en ambición, en participantes y en espectáculo hasta convertirse en el evento más importante del calendario de rugby a 7 mundial.
El torneo que lo cambió todo
Lo que hizo el Hong Kong Sevens por el rugby a 7 es difícil de exagerar. Antes de Hong Kong, el sevens era una diversión de verano para los clubs escoceses. Después de Hong Kong, se convirtió en una competición internacional de primer nivel que atraía a las mejores selecciones y clubes del mundo.
El torneo fue el primero en presentar el sevens como un espectáculo de primer nivel: con una organización profesional, con cobertura televisiva, con equipos de primera categoría y con un público que venía de todo el mundo. El estadio de Hong Kong —el Hong Kong Stadium, en el barrio de So Kon Po— se llenaba año tras año con uno de los públicos más diversos de cualquier evento deportivo del planeta.
El torneo atrajo rápidamente a las grandes selecciones: Nueva Zelanda, Australia, Fiji, Samoa, Tonga, Francia, Reino Unido… Ganar en Hong Kong se convirtió en un objetivo deportivo real, no solo en un entretenimiento de verano. El estatus del torneo creció hasta que se convirtió en el torneo de sevens más prestigioso del mundo, un título que muchos aficionados consideran que sigue ostentando hoy.
La cultura única del Hong Kong Sevens: disfraces y fiesta
El Hong Kong Sevens es famoso en el mundo deportivo no solo por el nivel de rugby sino por la cultura del público que lo rodea. El estadio durante el torneo es un espectáculo en sí mismo: miles de espectadores llegan disfrazados con los atuendos más elaborados y creativos que imaginarse pueda. Animales, personajes de películas, superhéroes, políticos, grupos temáticos que coordinan sus disfraces entre decenas de personas.
Esta tradición de los disfraces es totalmente orgánica: nadie la organizó ni la impulsó institucionalmente. Emergió de la mezcla de expatriados, turistas, locales y visitantes que convirtieron el torneo en una excusa para una gran fiesta colectiva. La South Stand (la tribuna sur del estadio) se convirtió en el epicentro de la fiesta, el lugar donde las cámaras de televisión siempre encontraban las imágenes más sorprendentes.
El ambiente festivo del Hong Kong Sevens no tiene equivalente en el mundo del rugby. Es simultáneamente un torneo deportivo de élite y una celebración multicultural sin precedentes. Jugadores que han participado en el torneo lo describen como una de las experiencias más únicas de su carrera, por la energía del público y por la sensación de que todo el mundo, independientemente de su origen, está allí para disfrutar juntos.
La pandemia y el retorno
El Hong Kong Sevens sufrió un período difícil entre 2019 y 2022. Las protestas sociales de 2019 y la subsiguiente pandemia de COVID-19 interrumpieron la celebración del torneo durante varios años, dejando un vacío en el calendario del sevens mundial que fue evidente. La ausencia de Hong Kong afectó al circuito, a los equipos y sobre todo a los aficionados que habían convertido el torneo en un evento anual imprescindible en su calendario.
El retorno del torneo fue celebrado con entusiasmo. Las ediciones posteriores a la pandemia no alcanzaron de inmediato la magnitud de las mejores ediciones históricas, pero el Hong Kong Sevens demostró su resiliencia y su capacidad para recuperar el espíritu que lo había hecho grande.
El legado histórico: el torneo que creó el sevens moderno
Sin el Hong Kong Sevens, el rugby a 7 probablemente habría seguido siendo una curiosidad escocesa durante muchas más décadas. Fue la visión de Ian Gow y el éxito del torneo hongkonés lo que abrió los ojos de World Rugby al potencial global del formato reducido, lo que eventualmente llevó a la creación del World Sevens Series en 1999 y a la inclusión del rugby a 7 en los Juegos Olímpicos en 2016.
El Hong Kong Sevens es, en definitiva, el torneo que convirtió el sevens de una tradición local escocesa en un deporte global de espectáculo. Por eso su lugar en la historia del rugby a 7 es único e insustituible.