En la historia del rugby 7, dos países han dominado el escenario global de forma consistente: Fiji y Nueva Zelanda. Mientras Fiji aporta la magia, la creatividad y el atletismo más deslumbrante que el deporte ha visto, Nueva Zelanda ofrece la sistematicidad, la perfección técnica y la capacidad organizativa que caracterizan a todas las selecciones neozelandesas de rugby, independientemente del formato. Los All Blacks Sevens han ganado múltiples títulos del HSBC World Rugby Sevens Series y se han consolidado como una de las selecciones más laureadas y respetadas del circuito internacional.
El dominio neozelandés en el rugby 7 tiene raíces profundas. Nueva Zelanda es un país donde el rugby no es solo un deporte sino una identidad cultural: los All Blacks son la selección más icónica del mundo en su deporte, y esa cultura de excelencia se transmite también al formato más pequeño y rápido del juego. Los jugadores neozelandeses aprenden a jugar al rugby desde muy pequeños con los principios fundamentales del juego dinámico —pasar, correr, buscar el espacio— que son exactamente los que el 7 amplifica. Cuando un jugador formado en esa tradición llega al circuito de sevens, ya tiene la mentalidad correcta: el 7 no le exige reinventarse, sino llevar esos principios al extremo. Los All Blacks Sevens han producido generaciones de jugadores excepcionales, algunos de los cuales han dado el salto al rugby de 15 y han tenido allí también carreras brillantes, lo que confirma que el sistema neozelandés produce rugbistas completos en cualquier formato del juego.
En el lado femenino, el dominio de Nueva Zelanda ha sido aún más marcado. Las Black Ferns Sevens —la selección femenina de rugby 7— han sido la potencia más consistente del HSBC World Rugby Women’s Sevens Series desde sus primeras ediciones, con Portia Woodman como figura más reconocible. La selección neozelandesa femenina combina la velocidad y el atletismo que caracterizan al sevens internacional con una disciplina defensiva y una inteligencia táctica que la hacen prácticamente imbatible cuando está en su mejor nivel. El doble dominio de Nueva Zelanda —tanto en la categoría masculina como en la femenina— es uno de los récords más extraordinarios de la historia del rugby 7 y una expresión de la profundidad del talento rugbístico en ese país de menos de cinco millones de habitantes.