El 11 de agosto de 2016, en el estadio Deodoro de Río de Janeiro, Fiyi escribió una de las páginas más emocionantes de la historia del deporte olímpico. El equipo fijiano de rugby 7 derrotó a Gran Bretaña por 43-7 en la final para ganar el primer oro olímpico de la historia del rugby 7 masculino, y —lo que es más importante para un pequeño archipiélago del Pacífico Sur— la primera medalla olímpica de cualquier color en la historia de Fiyi en cualquier deporte. Las imágenes de los jugadores fijianos llorando de emoción en el podio, con el himno nacional de las islas sonando en el estadio olímpico, dieron la vuelta al mundo y se convirtieron en uno de los momentos más celebrados de los Juegos de Río.
El equipo de Fiyi en Río 2016 fue la expresión más perfecta de todo lo que hace grande al rugby 7 fijiano. Con Osea Kolinisau como capitán, Jerry Tuwai como motor del equipo y Josua Tuisova como fuerza destructiva en los ataques, el seven fijiano combinó la magia individual que caracteriza a los mejores jugadores de las islas con una disciplina táctica que desmontó a todos sus rivales. El camino hacia la final incluyó victorias ante potencias como Sudáfrica, Argentina y Australia, con marcadores que demostraban una superioridad aplastante: el equipo anotaba tries con una facilidad que parecía irreal, convirtiendo cada posesión en una amenaza constante para cualquier defensa del mundo. La final ante Gran Bretaña fue un monólogo fijiano desde el primer minuto, con el marcador de 43-7 reflejando una diferencia de nivel que no admitía discusión.
El impacto de la victoria de Fiyi en Río 2016 trasciende el resultado deportivo. Para un país de menos de un millón de habitantes que ha exportado jugadores de rugby a los mejores campeonatos del mundo durante décadas, el oro olímpico fue el reconocimiento institucional de lo que todos en el mundo del rugby ya sabían: que Fiyi es la nación que más belleza y magia ha aportado al deporte oval en cualquiera de sus formatos. Las generaciones de jóvenes fijianos que vieron las imágenes de aquel podio en Río son hoy los jugadores del circuito, y el oro de 2016 sigue siendo la mayor motivación de todos ellos para seguir llevando el nombre de las islas a lo más alto del rugby 7 mundial.