La leyenda de William Webb Ellis
La historia del rugby está envuelta en una de las leyendas más queridas del deporte: la del joven William Webb Ellis que, en 1823, durante un partido de fútbol en el patio del colegio de Rugby en la ciudad homónima del condado de Warwickshire, tomó el balón con las manos y corrió con él hacia la portería rival, inventando así el rugby. Esta anécdota, que se convirtió en el mito fundacional del deporte, fue puesta en circulación décadas después de los hechos supuestos y los historiadores modernos la consideran, en el mejor de los casos, una simplificación excesiva de un proceso mucho más gradual y complejo.
La realidad es que en los colegios ingleses de la primera mitad del siglo XIX existían múltiples variantes del juego de fútbol, con reglas que variaban de un centro a otro. En algunos colegios estaba permitido correr con el balón, en otros no; en algunos se podía bloquear a los rivales con las manos, en otros no. Cada colegio —Eton, Harrow, Winchester, Rugby, Charterhouse— tenía sus propias reglas que sus alumnos aprendían al llegar y defendían apasionadamente como las «correctas». El proceso de diferenciación entre lo que sería el fútbol asociación (soccer) y el rugby fue gradual y no estuvo exento de disputas acaloradas.
El colegio de Rugby y la escuela de Arnold
Lo que sí es cierto es que el colegio de Rugby, bajo la dirección del famoso pedagogo Thomas Arnold, rector del colegio entre 1828 y 1842, fue uno de los centros educativos más influyentes en el desarrollo del deporte como herramienta pedagógica. Arnold creía que los deportes colectivos forjaban el carácter, enseñaban el trabajo en equipo y preparaban a los jóvenes para los desafíos de la vida adulta. Esta filosofía, que impregnó la educación victoriana, contribuyó a elevar el fútbol y sus variantes —incluida la que se practicaba en Rugby y que permitía coger el balón con las manos— a la categoría de actividades formativas esenciales.
Los alumnos que estudiaron en Rugby y se graduaron a mediados del siglo XIX se llevaron las reglas del juego a sus universidades, a sus clubes y a sus ciudades. Así fue como el «juego de Rugby» comenzó a extenderse por Gran Bretaña, diferenciándose progresivamente de las demás variantes del fútbol.
La codificación de las reglas y la fundación de la RFU
A medida que el rugby crecía en popularidad, la necesidad de unas reglas comunes se hizo urgente. Los enfrentamientos entre equipos de distintas ciudades o colegios eran imposibles si cada uno seguía su propio reglamento. En 1845 se redactaron las primeras reglas escritas en el propio colegio de Rugby, un documento de apenas tres páginas que establecía los principios básicos del juego. Sin embargo, estas reglas solo eran válidas dentro del colegio y no tenían autoridad sobre los clubes externos.
El paso definitivo se dio el 26 de enero de 1871, cuando representantes de veintiún clubes ingleses se reunieron en la Freemason’s Tavern de Londres y fundaron la Rugby Football Union (RFU). En aquella reunión se aprobaron las primeras reglas oficiales del rugby y se sentaron las bases de la estructura organizativa que gobernaría el deporte en Inglaterra. Apenas dos meses antes de la fundación de la RFU, Escocia e Inglaterra ya habían disputado el primer partido internacional de la historia, lo que evidencia que el deporte había crecido tan rápido que la organización institucional apenas podía seguirle el ritmo.
El primer test match: Escocia contra Inglaterra en 1871
El 27 de marzo de 1871, en el campo de Raeburn Place en Edimburgo, tuvo lugar un acontecimiento histórico que marcaría el inicio de la era internacional del rugby: el primer test match entre Escocia e Inglaterra. Veinte jugadores por equipo, reglas todavía primitivas y un balón ovalado que ya comenzaba a diferenciarse claramente de los balones esféricos usados en el fútbol asociación. Escocia ganó el encuentro —que se disputó en dos partes de cincuenta minutos— por un ensayo y un dropped goal a un ensayo, y desde ese momento la rivalidad entre los dos países quedó grabada en el ADN del rugby.
Este primer test match es el más antiguo de todos los que reconoce World Rugby (antes IRB) como oficial, y la relación de partidos entre Escocia e Inglaterra se considera la continuación ininterrumpida de ese histórico enfrentamiento de 1871. La tradición, el respeto mutuo y la rivalidad deportiva que caracterizan el rugby internacional tienen sus raíces en aquel partido disputado en un frío día de marzo escocés, ante unos pocos cientos de espectadores que no podían imaginar que estaban asistiendo al nacimiento de uno de los deportes más importantes del mundo.