El penal es una de las formas más frecuentes de puntuar en rugby. A diferencia del fútbol, donde el penalti siempre significa un lanzamiento al portero, el rugby ofrece al equipo sancionado varias opciones estratégicas. Elegir bien puede cambiar el partido.
¿Qué es un penal?
Un penal es la sanción que el árbitro concede al equipo contrario cuando se comete una infracción de cierta gravedad. El árbitro señala la posición, indica la dirección y el equipo infractor debe retroceder al menos 10 metros mientras el equipo beneficiado decide qué hacer.
¿Qué infracciones lo provocan?
Las más habituales son:
- Offside: un jugador está por delante de la línea de offside en un ruck, maul, scrum o line-out.
- Placaje ilegal: derribar a un rival sin balón, o con una técnica peligrosa (por encima de los hombros o con el cuello en el aire).
- Derrumbar el ruck o el maul deliberadamente.
- Jugar el balón en el suelo (cuando está en el suelo dentro del ruck).
- Infracciones en el scrum: entrar de lado, empujar antes del tiro, colapsar el scrum.
Las tres opciones
El equipo que recibe el penal tiene tres alternativas:
-
Pata a los palos: el pateador designado golpea el balón desde el punto del penal (o más atrás) intentando que pase entre los postes. Si lo consigue, suma 3 puntos. Es la opción más habitual cuando se está lejos del in-goal rival.
-
Patada a touch: el equipo patea el balón fuera del campo para ganar terreno. Esto genera un line-out a favor del equipo que botó el balón, en el punto donde salió. Es útil cuando el equipo quiere acercarse a la línea de try rival.
-
Juego rápido: el medio melé o cualquier jugador puede lanzar rápido el balón antes de que la defensa se reorganice, buscando sorprender. Es la opción más arriesgada pero puede generar un try si la defensa está descolocada.
La tarjeta amarilla por reincidencia
Si un equipo acumula varios penales en la misma zona o el árbitro considera que las infracciones son deliberadas, puede mostrar tarjeta amarilla al jugador responsable, que debe abandonar el campo durante 10 minutos. En casos de peligrosidad extrema, se puede mostrar tarjeta roja directamente.