Después de cada try llega uno de los momentos más tensos del rugby: la patada de conversión. Esos 2 puntos extra pueden marcar la diferencia entre ganar y perder, y ejecutar bien la conversión es una habilidad que distingue a los buenos pateadores.
¿Qué es la conversión?
La conversión es una patada a los palos que se realiza siempre después de un try. El objetivo es hacer pasar el balón entre los dos postes verticales y por encima de la barra transversal (que está a 3 metros del suelo). Si lo consigue, el equipo suma 2 puntos adicionales a los 5 del try.
¿Desde dónde se lanza?
El pateador elige el punto exacto desde donde golpea el balón, con una condición: debe estar en línea perpendicular al lugar donde se apoyó el try. Si el try se marcó en el extremo derecho del in-goal, la conversión se patea desde una línea imaginaria que sale de ese punto hacia el exterior del campo, a la distancia que el pateador prefiera.
Por eso en el rugby de alto nivel los jugadores intentan siempre apoyar el try lo más cerca de los palos: a mayor centralidad, más sencilla la conversión.
Cómo se ejecuta
El pateador coloca el balón sobre un tee (un pequeño soporte de goma) o lo aguanta erguido sobre el suelo. Retrocede, toma impulso y golpea el balón. En el momento en que el pateador inicia su carrera, los defensores pueden salir corriendo desde detrás de la línea de gol para intentar bloquear el disparo.
El resto del equipo defensor debe permanecer quieto detrás de los palos hasta ese momento.
Tiempo para lanzar
El reglamento exige que la conversión se lance dentro del tiempo razonable. Si el tiempo reglamentario expira mientras se prepara la conversión (al final de cada tiempo), el lanzamiento se puede ejecutar igualmente.