La tarde más extraordinaria del triple salto
El 7 de agosto de 1995, en el Campeonato del Mundo de Atletismo de Gotemburgo, Suecia, Jonathan Edwards protagonizó la actuación más extraordinaria de la historia del triple salto.
En la final mundialista, saltó en el cuarto intento 18,16 metros, nuevo récord del mundo. Pero no había terminado: en el quinto intento saltó 18,29 metros, nuevo récord del mundo. En la misma tarde había saltado los dos mejores triples saltos de la historia humana. El segundo mejor saltador del mundo en ese campeonato no llegó a los 17,60 metros.
El récord del décimo de segundo
La biomecánica del récord de Edwards fue analizada exhaustivamente. La clave no fue un primer salto espectacular, sino una combinación perfecta de velocidad de carrera, conversión en la batida y equilibrio entre las tres fases. Edwards tenía una primera fase (brinco) relativamente moderada que le permitía mantener velocidad para las siguientes fases, algo que en esa época era poco habitual.
Edwards competía con viento de +0,3 m/s en su salto de récord: condiciones prácticamente neutras. No hubo trampa en las condiciones ambientales: fue pura actuación atlética.
El atleta y la fe
Jonathan Edwards es uno de los personajes más complejos y fascinantes del atletismo. Nacido en 1966 en una familia anglicana profundamente religiosa (su padre era pastor), durante años se negó a competir los domingos por respeto al descanso sabático. Esta decisión le costó participar en varias competiciones importantes.
En 1993 revisó su postura y comenzó a competir también en domingo. El año del récord del mundo (1995) fue, paradójicamente, también el año en que Edwards reconoció atravesar una profunda crisis de fe personal. Años después, en 2007, declaró públicamente que había abandonado sus creencias religiosas, una revelación que impactó profundamente en Reino Unido, donde era muy conocido por su fe pública.
Sydney 2000: el oro al quinto intento
La paradoja de Edwards es que el año más brillante de su carrera (1995) no coincidió con el oro olímpico. En Atlanta 1996 ganó la plata (17,88 m, detrás de Kenny Harrison y sus 18,09 m olímpicos). El oro llegó cinco años después, en Sydney 2000, con 17,71 metros. No fue su mejor salto, pero fue el que le valió la medalla más deseada.
Edwards se retiró en 2003 tras una larga y exitosa carrera. Su récord del mundo de 18,29 metros llegó a 2026 con más de 30 años de vigencia, el mismo tiempo que el de Sotomayor en altura y el de Powell en longitud.
Presentador de televisión
Tras su retirada, Edwards se convirtió en presentador y comentarista deportivo para la BBC, trabajando en los Juegos Olímpicos de Pekín 2008 y Londres 2012. Su inteligencia comunicativa y su conocimiento del deporte lo hicieron especialmente valorado. Es uno de los pocos grandes campeones del atletismo que ha construido una segunda carrera mediática de éxito.