Apolo Anton Ohno nació el 22 de mayo de 1982 en Seattle, Washington, de padre japonés y madre americana. Con ocho medallas olímpicas en tres ediciones de los Juegos de Invierno, es el deportista americano más laureado de la historia en deportes de invierno. Pero más allá de las medallas, Ohno fue el hombre que puso el short track en el mapa del deporte americano, convirtiendo una disciplina de nicho en uno de los espectáculos más seguidos de cada edición de los Juegos de Invierno en los EEUU.
Los inicios: el niño rebelde que descubrió el patinaje
Ohno tuvo una infancia complicada. Hijo de un padre japonés que trabajaba como peluquero en Seattle y que lo crió solo después de la separación de sus padres, Apolo era un niño difícil, con problemas de disciplina y sin una dirección clara en su vida. El patinaje apareció como una actividad recreativa y se convirtió en una obsesión cuando su talento natural se hizo evidente.
Su padre, Yuki Ohno, jugó un papel fundamental en su formación: reconoció el talento de su hijo y se aseguró de que tuviera los recursos para desarrollarlo. También lo envió a un campo de concentración en Lake Placid cuando era adolescente, donde Apolo tuvo que decidir entre comprometerse completamente con el patinaje o abandonar. La anécdota del adolescente encerrado en una cabaña durante varios días, solo con sus pensamientos, que emerge comprometido con el deporte, es parte de la mitología personal de Ohno y aparece en todas sus biografías.
Salt Lake City 2002: el escándalo que lo lanzó a la fama
La final de 1.500 metros de Salt Lake City 2002 es el momento más famoso —y más controvertido— de la carrera de Ohno. Kim Dong-sung cruzó la meta primero; Ohno llegó segundo. Los árbitros descalificaron a Kim por bloqueo y el oro fue para Ohno.
Para Ohno, la victoria fue un arma de doble filo: ganó su primer oro olímpico pero en circunstancias que le perseguirían durante años. En Corea del Sur se convirtió en una figura odiada; las amenazas de muerte eran tan serias que necesitó seguridad personal. En EEUU, el oro mediático fue gigantesco: la cara de Ohno, con su característica perilla (soul patch), apareció en portadas de revistas, anuncios y programas de televisión.
El mismo Ohno ha admitido en ocasiones que la descalificación de Kim Dong-sung fue cuestionable y que el resultado habría sido diferente si el patinador coreano no hubiera sido sancionado. Esta honestidad le ha ganado el respeto de muchos aficionados del short track internacional.
Turín 2006 y Vancouver 2010: construyendo una leyenda
En los Juegos de Turín 2006, Ohno añadió más medallas a su palmarés con un oro en el relevo y bronces individuales. En Vancouver 2010, a sus 28 años, ganó tres medallas más incluyendo un bronce en los 500 metros. Al final de Vancouver, sus ocho medallas olímpicas lo convertían en el más laureado de los deportistas de invierno americanos de todos los tiempos.
El legado cultural
Ohno dejó una huella que va más allá de las medallas. Fue el primer patinador de short track en convertirse en estrella pop en EEUU: sus apariciones en Tonight Show, sus anuncios de grandes marcas y su participación en Dancing with the Stars (donde llegó a la final) lo convirtieron en un nombre conocido por personas que nunca habían visto una carrera de short track. Su impacto en la popularización del deporte en el mercado americano es difícil de cuantificar pero innegablemente real: a raíz de su éxito, la base de practicantes y el seguimiento mediático del short track en EEUU crecieron de manera significativa.