La presencia del skeleton en los Juegos Olímpicos tiene una historia más irregular que la de la mayoría de deportes de invierno, pero su retorno definitivo en 2002 ha dado lugar a algunas de las páginas más emocionantes del olimpismo invernal. Desde Salt Lake City, cada edición olímpica ha producido historias extraordinarias que han puesto al skeleton en el centro de la atención mediática global durante las dos semanas de los Juegos de Invierno.
El palmarés olímpico del skeleton moderno, desde 2002, refleja un deporte competitivamente más equilibrado que el luge. En la categoría masculina, el oro olímpico se ha repartido entre países diferentes en cada edición: Jim Shea Jr. (Estados Unidos) en Salt Lake City 2002, Duff Gibson (Canadá) en Turín 2006, Jon Montgomery (Canadá) en Vancouver 2010, Alexander Tretiakov (Rusia) en Sochi 2014 y Yun Sungbin (Corea del Sur) en PyeongChang 2018. Esta variedad de campeones es atípica para un deporte de deslizamiento y refleja la relativa democratización del skeleton respecto al luge, donde Alemania domina de forma más constante. En la categoría femenina, el contraste es notable: Gran Bretaña ha ganado tres de los cinco oros olímpicos disputados desde 2002 (Amy Williams en 2010 y Lizzy Yarnold en 2014 y 2018), convirtiéndose en una superpotencia específica del skeleton femenino.
Los momentos más recordados del skeleton olímpico incluyen la victoria de Jim Shea Jr. en Salt Lake City 2002, especialmente emotiva porque su abuelo había muerto en un accidente de coche poco antes de los Juegos; la victoria de Duff Gibson en Turín 2006, que con 39 años se convirtió en el atleta de mayor edad en ganar un oro olímpico en deportes de invierno individuales; y el doblete histórico de Lizzy Yarnold, que se convirtió en la primera persona —hombre o mujer— en defender con éxito un título olímpico de skeleton, ganando en Sochi 2014 y repitiéndolo en PyeongChang 2018.