Lizzy Yarnold es la atleta de skeleton más laureada de la historia y una de las grandes figuras del deporte olímpico británico moderno. Nacida en Sevenoaks (Kent) en 1988, Yarnold llegó al skeleton siguiendo el mismo modelo que su predecesora Amy Williams: fue identificada por el programa de detección de talentos de British Skeleton gracias a sus cualidades físicas como atleta de campo, fue formada en la técnica de la disciplina y progresó hasta la élite mundial en un período relativamente breve. Lo que la diferencia de todos los demás atletas del deporte es lo que consiguió con ese talento una vez en la cima: dos oros olímpicos consecutivos, una hazaña sin precedentes en la historia del skeleton.
El primer oro olímpico llegó en Sochi 2014, en unos Juegos donde Yarnold era una de las favoritas pero no la gran favorita al título. Su actuación en las cuatro mangas fue progresivamente mejor, con un descenso final que estableció el mejor tiempo de la competición y la colocó en lo más alto del podio. La victoria fue celebrada en Gran Bretaña como un momento deportivo de primer orden, continuando la tradición iniciada por Williams en Vancouver. Pero lo verdaderamente extraordinario llegó cuatro años después, en PyeongChang 2018. La defensa de un título olímpico en deportes de cronómetro puro es una de las hazañas más difíciles del deporte, y en el skeleton nadie lo había conseguido jamás. Yarnold lo hizo con una actuación dominante que no dejó dudas sobre quién era la mejor del mundo, ganando el oro con claridad y entrando en la historia del skeleton con un palmarés que probablemente nunca sea igualado en su deporte.
El modelo de éxito de Yarnold, combinando la selección de talentos de atletas de otros deportes, la formación técnica intensiva y el apoyo psicológico y científico de primer nivel, ha convertido al programa British Skeleton en el referente mundial del deporte. Su retirada en 2018, con 29 años y en la cima de su carrera, fue una decisión que ella misma describió como el colofón natural de un viaje completado, dejando el skeleton con un legado que difícilmente tendrá parangón.