El skeleton es uno de los pocos deportes olímpicos cuyo nombre no describe directamente la acción que se practica. A diferencia del “biatlón” (dos + lucha), el “maratón” (referencia geográfica) o la “gimnasia” (del griego para ejercicio), el skeleton lleva el nombre de un objeto inanimado: el esqueleto. La historia detrás de esta denominación es tan curiosa como el propio deporte, y tiene varias versiones que los historiadores del deporte han debatido sin llegar a un consenso definitivo.
La explicación más popular y más citada es de índole puramente descriptiva: los primeros trineos usados en la Cresta Run de St. Moritz tenían un diseño extremadamente básico y minimalista, compuesto únicamente por barras de metal y sin ningún tipo de cubierta o revestimiento. Vista desde arriba, la estructura metálica del trineo recordaba a un esqueleto humano reducido a su arquitectura esencial: las “costillas” laterales, la barra central que sería la columna vertebral y las “extremidades” de los patines. Esta similitud visual con un esqueleto habría dado lugar al nombre coloquial que acabó convirtiéndose en el nombre oficial del deporte. La explicación tiene el mérito de ser visualmente convincente y de explicar por qué el nombre surgió precisamente en el período en que los trineos de competición eran estructuras abiertas de metal sin diseño aerodinámico sofisticado.
Una segunda teoría, menos extendida pero también documentada, propone que el nombre es una anglicización del término noruego “kjeldse” (también escrito “kjelke”), que denomina un tipo específico de trineo nórdico. Según esta versión, los turistas ingleses en St. Moritz habrían adaptado fonéticamente el término noruego a algo reconocible en inglés, resultando en “skeleton”. Esta teoría tiene menos apoyo entre los historiadores, pero tiene la virtud de conectar el skeleton con la tradición de trineo escandinava, que es la misma que dio origen al luge y al bobsleigh como deportes organizados.