Mark Williams es la tercera punta del triángulo que definió el snooker de las últimas tres décadas, junto a Ronnie O’Sullivan y John Higgins. Nacido el 21 de marzo de 1975 en Cwm, Gales, sus tres títulos mundiales —el último a los 43 años— le sitúan entre los grandes del snooker, y su personalidad directa y sin filtros le ha convertido en uno de los jugadores más queridos y genuinos del circuito. La famosa rueda de prensa en calzoncillos de 2018 es solo el episodio más célebre de una carrera llena de momentos memorables.
El zurdo más efectivo del snooker
El snooker es un deporte donde la mayoría de los jugadores son diestros, y los zurdos son una rareza en el circuito de élite. Williams no solo es zurdo sino que es el zurdo más efectivo que el snooker ha visto en su historia moderna. Su manera de atacar la bola es fluida y natural, con una técnica que hace que los golpes difíciles parezcan sencillos y que su construcción de breaks parezca sin esfuerzo.
Su velocidad en la mesa es también característica: Williams no pierde tiempo entre golpe y golpe, lo que hace que sus mejores actuaciones tengan un ritmo que los rivales encuentran difícil de seguir.
Los títulos del cambio de milenio
Williams ganó sus dos primeros títulos mundiales en 2000 y 2003, en los años en que el snooker se enfrentaba al mayor talento colectivo de su historia: Higgins y O’Sullivan también ganaban títulos en esa misma época, lo que da una idea de la dificultad de ganar en ese contexto.
El título de 2000 fue especialmente emotivo por tratarse de su primera final y primera victoria mundial. El de 2003 confirmó que no era un campeón de una sola vez sino un jugador capaz de rendir al máximo nivel de manera sostenida.
El tercer título a los 43 años y la apuesta legendaria
En 2018, el snooker vivió uno de sus momentos más extraordinarios. Mark Williams, de 43 años, ganó el Campeonato del Mundo después de quince años sin hacerlo. La victoria en sí misma fue sorprendente, pero lo que la inmortalizó fue lo que ocurrió después.
Antes del torneo, Williams había apostado con un periodista que si ganaba el título daría la rueda de prensa en calzoncillos. Cuando ganó, no se echó atrás: apareció ante los medios de comunicación en ropa interior y con una sonrisa, cumpliendo su palabra con la desfachatez que solo alguien sin complejos puede tener. Ese momento se convirtió viral y resumió perfectamente el carácter de Williams: auténtico, irreverente y siempre fiel a sí mismo.
El emblema del snooker galés
Williams ha sido durante décadas el principal embajador del snooker galés. Junto a Mark Selby, aunque inglés, y otros jugadores de las Islas Británicas, ha mantenido la competitividad del snooker del hemisferio occidental frente a la llegada de nuevos talentos de Asia.
Su contribución al snooker galés es comparable a la de otros deportistas que han representado a Gales en disciplinas donde el país no siempre tiene visibilidad internacional. Williams puso a Gales en el mapa del snooker mundial y lo ha mantenido ahí durante más de dos décadas de carrera profesional en la élite.