Neil Robertson es el único australiano que ha ganado el Campeonato del Mundo de Snooker y uno de los jugadores con más centurys en la historia del deporte. Nacido el 11 de enero de 1982 en Melbourne, emigró a Reino Unido para perseguir una carrera en el snooker profesional y se convirtió en uno de los jugadores más prolíficos en títulos de ranking que el deporte ha visto, con una capacidad para construir centurys que le ha situado entre los más grandes de la historia.
De Melbourne al Crucible
La historia de Robertson es la de un jugador que apostó todo por un sueño. Creció en Melbourne, Australia, donde el snooker existe pero nunca ha tenido la presencia cultural que tiene en Reino Unido. A pesar de ese contexto desfavorable, Robertson desarrolló desde niño una pasión por el juego que superaba cualquier obstáculo geográfico.
Cuando quedó claro que para llegar a ser profesional necesitaba estar en el centro del mundo del snooker, Robertson tomó la decisión de trasladarse a Inglaterra siendo adolescente. Esa apuesta fue la que hizo posible todo lo demás: el acceso al circuito profesional, los entrenamientos con los mejores, la competición regular que moldea a los campeones.
El campeón del mundo de 2010
El momento más alto de la carrera de Robertson llegó en mayo de 2010, cuando ganó el Campeonato del Mundo en el Crucible de Sheffield. Era el primer australiano en la historia del torneo en lograrlo, un hito que reconocía no solo su talento individual sino también el camino recorrido desde Melbourne hasta la arena más prestigiosa del snooker.
La victoria fue el resultado de una actuación brillante durante todo el torneo: Robertson jugó con la precisión y la consistencia que le caracterizan y en los momentos de mayor presión no cedió un ápice de nivel.
La máquina de centurys
Si hay una estadística que define la carrera de Robertson es el número de centurys acumulados. Un century en el snooker es un break de 100 o más puntos en un solo turno, y aunque los mejores jugadores los hacen con cierta regularidad, la cifra de Robertson —que supera el millar— le sitúa en la cima histórica de esa estadística.
Construir un century requiere ejecutar con precisión entre diez y quince golpes consecutivos sin cometer un error, colocando correctamente la bola blanca después de cada poteo y resolviendo situaciones complejas sobre la marcha. Robertson lo hace con una naturalidad pasmosa, como si la geometría de la mesa fuera para él completamente transparente.
El dominio en torneos de ranking
Más allá del título mundial, Robertson ha acumulado una cantidad extraordinaria de títulos en los torneos de ranking de la World Snooker Tour. Ha ganado el UK Championship, el Masters y prácticamente todos los grandes eventos del calendario en múltiples ocasiones, convirtiéndose en el jugador más prolífico en torneos de ranking junto a Judd Trump y Ronnie O’Sullivan.
Ese dominio en los torneos menores —menores solo en comparación con el Campeonato del Mundo— demuestra una consistencia de rendimiento a lo largo de temporadas que es tan impresionante como la victoria en el torneo más importante. Robertson no gana solo cuando está inspirado: gana con una regularidad que refleja una excelencia sostenida semana tras semana.