En el softbol americano, las pitchers zurdas son una rareza. Hay muy pocas de alto nivel, y por eso se valoran tanto: el movimiento de su bola curva va en la dirección opuesta al de una diestra, lo que descoloca a las bateadoras que han pasado su carrera enfrentándose principalmente a pitchers derechas. Cat Osterman es zurda. Y también es, por méritos propios, una de las mejores pitchers de la historia del softbol americano.
Texas: la construcción de una leyenda universitaria
Catherine Louise Osterman nació el 16 de abril de 1983 en Houston, Texas. Creció en Texas con el softbol y en 2002 ingresó en la Universidad de Texas para jugar con los Longhorns, el equipo más popular del estado. Los cuatro años que siguieron fueron los de una dominación universitaria sin precedentes en el softbol de Texas.
Con los Longhorns, Osterman acumuló estadísticas que la sitúan entre las mejores de la historia universitaria:
- Más de 2.000 ponches en su carrera universitaria, uno de los registros más altos de la historia del softbol universitario.
- Una ERA (media de carreras limpias) por debajo de 1 en varias temporadas.
- Premio All-American en cuatro ocasiones.
- Jugadora del Año de la NCAA en 2005 y 2006, el máximo reconocimiento individual del softbol universitario americano.
La combinación de su bola rápida (que podía superar los 105 km/h), su curva zurda con gran movimiento y su changeup la convertían en una pitcher de amplísimo repertorio que ningún equipo universitario podía preparar con días de antelación para enfrentarla.
Atenas 2004: el primer oro olímpico
Osterman se unió a la selección americana antes de terminar su carrera universitaria, y en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004 (cuando tenía 21 años) fue parte del equipo histórico que ganó los nueve partidos sin conceder ninguna carrera.
Su papel en Atenas fue el de la pitcher joven que complementaba a las veteranas Jennie Finch y Lisa Fernandez. La selección americana de Atenas 2004 fue probablemente el mejor equipo de softbol de la historia, y Osterman fue parte esencial de ese elenco.
Pekín 2008: la plata y el inicio del ocaso
En Pekín 2008, Osterman siguió siendo una de las mejores pitchers del equipo americano. Pero Japón, con Yukiko Ueno en estado de gracia, derrotó a Estados Unidos en la final. La plata fue el único resultado que podía considerarse decepcionante para un equipo que había ganado tres oros consecutivos.
Tras Pekín, Osterman se retiró del softbol de alto nivel en 2010. Era una decisión comprensible: el softbol profesional americano no pagaba suficiente para vivir exclusivamente del deporte, y llevar una vida de entrenamiento y competición de élite sin el soporte económico adecuado es insostenible a largo plazo.
El regreso: Tokio 2020
La historia de Cat Osterman podría haber terminado ahí, como la de tantas atletas que se retiran en la plenitud de su carrera. Pero el anuncio del regreso del softbol al programa olímpico para Tokio 2020 lo cambió todo.
Osterman decidió volver. Tenía 36 años cuando empezó a preparar el regreso, una edad en la que muy pocas pitchers de softbol mantienen el nivel necesario para competir con la selección nacional. Pero trabajó durante años para lograrlo.
Y lo logró. Osterman clasificó para el equipo americano de Tokio 2020 y con 37 años fue parte del equipo que ganó la plata, derrotado por Japón en la final. Su presencia en Tokio fue en sí misma una historia extraordinaria: una jugadora que se había retirado hacía una década, que había vuelto únicamente por la oportunidad olímpica, y que había conseguido clasificarse con 36-37 años para el mejor equipo de softbol del mundo.
El legado de Osterman
Cat Osterman es, junto a Jennie Finch, Lisa Fernandez y Monica Abbott, uno de los pilares del softbol americano de las últimas dos décadas. Su historia de retiro y regreso olímpico es también una metáfora de lo que el softbol representa para sus practicantes de élite: no es simplemente un trabajo (porque los salarios no lo permiten), sino una pasión lo suficientemente profunda como para motivar un regreso después de una década de ausencia.
En Texas, Osterman es una leyenda del softbol universitario, y en la comunidad del deporte a nivel nacional es una figura respetada tanto por sus logros en el campo como por la manera en que ha usado su posición para promover el softbol femenino.