En los debates sobre las mejores pitchers de la historia del softbol americano, hay dos nombres que siempre aparecen juntos: Jennie Finch y Lisa Fernandez. Finch fue el rostro mediático del deporte en la primera década del siglo XXI. Fernandez fue la figura que dominó la década anterior y que muchos técnicos del softbol consideran la más completa de las dos.
Una familia de softbol
Lisa Fernandez nació el 22 de febrero de 1971 en Long Beach, California, en el seno de una familia con profundas raíces en el béisbol y el softbol. Su madre, Emilia, fue una destacada jugadora de softbol, y su padre, Antonio, fue entrenador de béisbol. El softball no fue simplemente un deporte que Lisa eligió: fue el entorno en el que creció, el idioma deportivo de su familia.
Desde muy joven su talento fue evidente. A los doce años ya lanzaba a velocidades que hacían palidecer a jugadoras adultas. En el instituto, en Long Beach, fue la jugadora más dominante de toda la región. Y en 1990, cuando llegó a la UCLA para jugar con los Bruins, comenzó una de las carreras universitarias más brillantes de la historia del softbol americano.
UCLA: los años de la leyenda universitaria
Entre 1990 y 1993, Lisa Fernandez con los Bruins de UCLA fue sencillamente otra categoría. Sus estadísticas universitarias desafían la credibilidad: una efectividad de carreras limpias (ERA) de 0,22 a lo largo de cuatro temporadas, que figura entre las mejores de la historia del deporte universitario americano.
Con UCLA ganó dos campeonatos nacionales de la NCAA (1992 y 1993). En su carrera universitaria acumuló más de 90 victorias como pitcher y fue elegida tres veces All-American (el máximo reconocimiento individual del softbol universitario americano). En 1993, la NCAA la eligió Jugadora del Año, confirmando lo que todos en el mundo del softbol universitario ya sabían: Fernandez era la mejor pitcher de su generación.
Lo que la distinguía de otras pitchers universitarias dominantes no era solo la velocidad (aunque su fastball era formidable) sino el control absoluto: Fernandez tiraba exactamente donde quería tirar, variando la velocidad y el movimiento de la pelota con una precisión que desconcertaba incluso a las bateadoras que la conocían bien.
Tres oros olímpicos: la era dorada del softbol americano
Con la selección de Estados Unidos, Lisa Fernandez fue la figura central del equipo durante más de una década. Los tres oros olímpicos que ganó entre 1996 y 2004 definen esta era:
Atlanta 1996: el debut olímpico del softbol fue también el debut olímpico de Fernandez. A sus 25 años, fue una de las pitchers más dominantes del torneo. Estados Unidos ganó el oro.
Sydney 2000: con 29 años, Fernandez siguió siendo la referencia del pitcheo americano. Australia dio la sorpresa derrotando a USA en la fase de grupos, pero Fernandez y el equipo reaccionaron y conquistaron el segundo oro consecutivo.
Atenas 2004: con 33 años, Fernandez ya compartía el rol de pitcher estrella con la emergente Jennie Finch. Pero su contribución al torneo fue fundamental: el equipo americano ganó nueve partidos y no concedió ninguna carrera en todo el torneo, un logro colectivo en el que Fernandez tuvo un papel esencial como pitcher y como referente del vestuario.
La pitcher-bateadora completa
Lo que hace a Fernandez diferente de la mayoría de pitchers de softbol de su era es que también era una bateadora de alto nivel. En un deporte donde los pitchers a veces son figuras defensivas exclusivas con habilidades ofensivas limitadas, Fernandez bateaba con eficacia y producía carreras para su equipo.
Esta doble amenaza (temible en el círculo del pitcher y útil en el cajón de bateo) la convertía en una jugadora de valor añadido excepcional para cualquier equipo y para la selección americana.
El legado y la carrera post-juego
Fernandez se retiró de la competición olímpica después de Pekín 2008 (donde Estados Unidos ganó la plata), con 37 años. Después de su carrera activa, se convirtió en entrenadora de softbol universitario y en embajadora del deporte a nivel nacional, contribuyendo a la formación de la siguiente generación de pitchers americanas.
En 2004 fue incluida en el National Softball Hall of Fame, el reconocimiento más alto que puede recibir una jugadora de softbol en Estados Unidos. Su carrera es el referente contra el que se miden todas las pitchers de softbol americanas que aspiran a lo más alto.