En el mundo del softbol femenino de alto nivel, no hay rival más temido ni más respetado que el que se sienta al otro lado del diamante cuando se juega un partido entre Estados Unidos y Japón. Esta rivalidad ha definido las últimas tres décadas del softbol internacional y ha producido los momentos más dramáticos e históricos del deporte.
Dos filosofías del softbol
Lo que hace especialmente fascinante la rivalidad entre USA y Japón es que no se trata simplemente de dos buenos equipos: representan dos filosofías del juego completamente distintas.
Estados Unidos ha apostado históricamente por el talento atlético individual: pitchers con brazos excepcionales capaces de dominar por pura velocidad, y bateadoras con una potencia que puede resolver cualquier partido con un jonrón. El softbol americano es el softbol de la élite físicamente superior, el de las pitchers que lanzan a 120 km/h y las bateadoras que envían la pelota a 70 metros de distancia.
Japón, en cambio, practica un softbol de precisión, colectivo y estratégico. La tradición japonesa del juego de pequeña bola (toques de sacrificio, bases robadas en los momentos clave, golpes precisos hacia los huecos de la defensa) es la antítesis del softbol de potencia americano. El equipo japonés no supera a USA en potencia individual, pero puede superarla en ejecución colectiva.
Atlanta 1996: el primer encontronazo olímpico
En el debut olímpico del softbol, los dos grandes ya se enfrentaron. Estados Unidos y Japón se midieron en la fase de grupos de Atlanta 1996, con victoria americana. En la final, USA ganó el oro y Japón se quedó con la plata. La primera jerarquía olímpica quedaba establecida.
Sydney 2000 y Atenas 2004: el dominio americano
En Sydney 2000, Estados Unidos volvió a ganar el oro, aunque Australia dio la sorpresa al derrotar a USA en la fase de grupos, mostrando que el nivel global del softbol crecía. Japón se quedó sin medalla.
En Atenas 2004, el equipo americano de Jennie Finch fue probablemente el mejor equipo de softbol que se ha visto en una olimpiada. Nueve partidos, nueve victorias, cero carreras concedidas. Japón ganó la plata, confirmando su condición de segundo mejor equipo del mundo pero incapaz de batir a una máquina americana que parecía imbatible.
Pekín 2008: la gran inversión
El 21 de agosto de 2008, en el Estadio de Wukesong de Pekín, el softbol vivió su momento más histórico. La final enfrentó a Estados Unidos y Japón, con las americanas siendo favoritas como en los tres oros anteriores.
Yukiko Ueno, que había lanzado una cantidad extraordinaria de innings a lo largo del torneo y que entró al partido final con el depósito físico casi vacío, se elevó por encima de sus límites para lanzar un partido monumental. Japón ganó 3-1. Era el primer oro olímpico japonés en softbol y el fin de una hegemonía que parecía eterna.
El impacto de aquella derrota americana y de aquella victoria japonesa fue enorme. Ueno se convirtió en heroína nacional en Japón, y el softbol japonés recibió un impulso de popularidad y financiación sin precedentes.
Tokio 2020: Japón defiende en casa
Doce años después de Pekín, el softbol olímpico regresó en Tokio 2020. Y la historia se repitió: Japón y Estados Unidos volvieron a encontrarse en la final. Esta vez, Ueno, con 38 años, no fue la pitcher de todos los partidos, pero apareció en los momentos cruciales.
Japón ganó la final 2-0, obteniendo su segundo oro olímpico. La imagen de Ueno, ahora veterana del deporte, celebrando en su propio país una victoria histórica fue uno de los momentos más emotivos de los Juegos de Tokio.
El legado de la rivalidad
La rivalidad entre USA y Japón ha elevado el nivel global del softbol. Cada enfrentamiento entre ambas selecciones es un evento de máxima tensión que genera audiencias millonarias en Japón y en la comunidad softbolera americana. Y, sobre todo, ha demostrado que en el softbol de alto nivel no hay resultado imposible: la precisión japonesa puede derrotar a la potencia americana, y eso hace que cada partido entre ellas sea verdaderamente imprevisible.