El leash es uno de los equipos de seguridad más importantes del surf moderno y, paradójicamente, uno de los que más tardó en adoptarse de forma generalizada. Hasta la década de 1970, los surfistas perdían la tabla en cada wipeout y debían nadar hasta la orilla para recuperarla, lo que limitaba enormemente la frecuencia de práctica y representaba un peligro constante para quien estuviera entre la tabla y la orilla. La invención del leash transformó radicalmente la seguridad y la accesibilidad del surf, permitiendo que millones de personas que no son nadadores expertos puedan practicar con un margen de seguridad aceptable.
El leash se fija al tobillo trasero del surfista mediante un velcro y se conecta a un punto de anclaje en el tail de la tabla llamado leash plug. El cable es de uretano, un material elástico que absorbe los tirones bruscos sin romperse ni transmitir el impacto completo al tobillo. En el punto de conexión con la tabla hay un trozo de tela gruesa llamado rail saver que distribuye la presión del tirón sobre una mayor superficie del rail de la tabla, evitando que el cable corte el material en el punto de unión.
La paradoja del leash es que, siendo un elemento de seguridad, puede crear una sensación falsa de seguridad que lleva a los principiantes a adentrarse en condiciones que superan su nivel. Saber que la tabla no se va es una ventaja, pero en olas grandes los wipeouts pueden generar fuerzas enormes sobre el cable que incluso pueden resultar en esguinces de tobillo. Los surfistas más experimentados evalúan siempre las condiciones y el tipo de spot antes de decidir si usan leash, qué grosor y longitud necesitan, y si las condiciones son demasiado peligrosas para el nivel actual de habilidad, leash o no.