El paddling es el motor del surf. Antes de la primera maniobra, antes del primer drop, antes de coger la primera ola de la sesión, el surfista rema. Y después de cada ola, vuelve a remar para recuperar la posición. La realidad del surf, a diferencia de su imagen de espectáculo de maniobras, es que la mayor parte del tiempo en el agua se pasa remando, y la calidad del paddling determina en gran medida cuántas olas se consiguen surfear y con qué calidad de posicionamiento.
La técnica de paddling eficiente se aprende con tiempo y repetición, pero sus principios son claros. El cuerpo debe estar bien centrado sobre la tabla, lo suficientemente atrás para que el nose no se sumerja y cree resistencia, pero no tan atrás que el tail se hunda y frene la tabla. Las paladas deben ser largas, con las manos ahuecadas como una pala, y deben profundizar lo suficiente para empujar agua real en lugar de solo rozar la superficie. El ritmo de las paladas importa tanto como su profundidad: una cadencia regular y sostenida es más eficiente que sprints cortos seguidos de pausas.
En los momentos críticos de coger una ola, el paddling pasa de ser desplazamiento a ser aceleración. Cuando el surfista ve llegar la ola y comienza a remar en la misma dirección que ella se mueve, necesita alcanzar suficiente velocidad para que la ola lo atrape y lo arrastre. Este sprint de paddling, generalmente de cuatro a seis paladas explosivas, es el momento de mayor intensidad técnica: demasiado lento y la ola pasa por debajo, demasiado tarde en empezar y el labio golpea al surfista. El dominio de este timing de las últimas paladas es lo que más diferencia a los surfistas con mucha experiencia de los que están aprendiendo.