La cera de surf es el elemento más humilde y cotidiano de todo el equipamiento del surf, pero también uno de los más indispensables. Cada surfista tiene su ritual de encerar la tabla antes de entrar al agua, una práctica casi meditativa que forma parte de la preparación mental tanto como de la funcional. El olor característico de la cera de surf es, para muchos practicantes, uno de los aromas más evocadores del deporte: en cuanto lo perciben, la mente ya está en el agua.
La química de la cera de surf es más sofisticada de lo que parece. La cera debe ser lo suficientemente pegajosa para adherirse a los pies del surfista pero no tanto que acumule arena, pelo u otros residuos que la arruinen. Debe crear una textura con microprotuberancias que aumenten el coeficiente de fricción entre el pie y la tabla sin crear una superficie tan rugosa que cause ampollas o heridas con el uso prolongado. Y debe comportarse de forma diferente según la temperatura del agua, manteniendo su textura en agua fría sin volverse demasiado dura y sin derretirse en el calor de los trópicos.
Antes de la cera, los surfistas hawaianos usaban diferentes métodos rudimentarios para mejorar el agarre, incluyendo arena adherida a la tabla con diferentes substancias. La cera de parafina empezó a usarse en los años 1930 y fue mejorando progresivamente hasta las formulaciones actuales, donde marcas especializadas producen decenas de variedades diferentes. Una alternativa moderna a la cera son los grip pads o traction pads, piezas de material antideslizante que se pegan de forma permanente en la parte trasera de la tabla. Aunque son populares para el pie trasero, la mayoría de los surfistas sigue usando cera para el pie delantero por la mayor libertad de posicionamiento que ofrece.