El kyong-ye es el saludo protocolario del taekwondo y una de las expresiones más visibles de los valores filosóficos que sustentan este arte marcial. Consiste en una reverencia o inclinación del tronco hacia adelante que se realiza en múltiples momentos de la práctica: al entrar y salir del dojang, al comenzar y terminar el entrenamiento, al inicio y final de cada combate, hacia el maestro y hacia los compañeros. Esta práctica constante del saludo no es un simple ritual de cortesía deportiva sino la manifestación física de un sistema de valores que el taekwondo considera inseparable de la práctica técnica.
En las competiciones de kyorugi, el kyong-ye está estrictamente reglamentado. El árbitro principal indica el momento exacto en que los competidores deben saludarse mutuamente y hacia él. El incumplimiento del protocolo de saludo puede ser sancionado con una advertencia (keong-go). Esta rigurosidad reglamentaria refleja la importancia que la World Taekwondo otorga a los aspectos éticos y de respeto del deporte, considerados tan importantes como el rendimiento atlético.
La práctica diaria del kyong-ye tiene un efecto educativo acumulativo que va más allá del dojang. Los practicantes de taekwondo aprenden desde las primeras clases que el saludo es obligatorio independientemente del resultado del combate o de la opinión personal sobre el adversario. Esta disciplina de respeto incondicional al otro es uno de los valores que el taekwondo transmite a sus practicantes de todas las edades, y que muchos instructores consideran tan importante como el dominio de las técnicas de patada.